miércoles, 18 de noviembre de 2015

La famosa creatividad

Haber empezado a escribir cuentos me dió una prueba muy concreta de algo que percibí hace un par de años: las cosas más significativas de la vida no se encuentran, aparecen cuando deben aparecer. Si insistís en buscarlas o, una vez que aparecen las intentas cambiar, las arruinás. En la escritura es muy simple, o tenes las palabras en tu cabeza una atrás de la otra o lo arruinas. A la inspiración no se la controla. Por supuesto que se pueden cambiar palabras más tarde, pero son correcciones puramente estéticas. Siempre podés intentar imitar a otro escritor, o permitir que las opiniones ajenas te digan lo que tenés que escribir o como escribirlo, pero cuanto más permitís que la gente interfiera en tu texto, deja de ser tu idea y pasa a ser una idea deforme. Sera mejor o peor, pero no es auténtico.

Todo esto suena sencillo pero es muy complejo. Ya sea por tu inseguridad o por el maldito problema de querer satisfacer al resto se hace muy fácil pisar el palito. Desde que empecé a escribir me he dado cuenta (lo suponía desde antes pero lo vi con mayor claridad después) lo que le cuesta aceptar a la mayoría que el arte es subjetivo. Uno escribe sobre lo que tiene en la cabeza. Es como decirle a un pintor abstracto que pinte como Miguel Ángel. Suena ridículo y de hecho lo es.

Por supuesto que uno puede escribir cosas diferentes a lo que está acostumbrado. Yo escribo sobre fantasía y ahora estoy escribiendo esta reflexión que de fantasía no tiene nada. Pero lo hago porque me surge. Como dije antes, a la inspiración no se la controla, para bien o para mal.

Sigo sin estar seguro de haber encontrado mi estilo. Tendré que armarme de paciencia y esperar a que este aparezca.

Santiago Páez Montero


18/11/15

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