Haber empezado a escribir cuentos me dió una prueba muy
concreta de algo que percibí hace un par de años: las cosas más significativas
de la vida no se encuentran, aparecen cuando deben aparecer. Si insistís en
buscarlas o, una vez que aparecen las intentas cambiar, las arruinás. En la
escritura es muy simple, o tenes las palabras en tu cabeza una atrás de la otra
o lo arruinas. A la inspiración no se la controla. Por supuesto que se pueden cambiar
palabras más tarde, pero son correcciones puramente estéticas. Siempre podés
intentar imitar a otro escritor, o permitir que las opiniones ajenas te digan
lo que tenés que escribir o como escribirlo, pero cuanto más permitís que la
gente interfiera en tu texto, deja de ser tu idea y pasa a ser una idea
deforme. Sera mejor o peor, pero no es auténtico.
Todo esto suena sencillo pero es muy complejo. Ya sea por tu
inseguridad o por el maldito problema de querer satisfacer al resto se hace muy
fácil pisar el palito. Desde que empecé a escribir me he dado cuenta (lo
suponía desde antes pero lo vi con mayor claridad después) lo que le cuesta
aceptar a la mayoría que el arte es subjetivo. Uno escribe sobre lo que tiene
en la cabeza. Es como decirle a un pintor abstracto que pinte como Miguel
Ángel. Suena ridículo y de hecho lo es.
Por supuesto que uno puede escribir cosas diferentes a lo
que está acostumbrado. Yo escribo sobre fantasía y ahora estoy escribiendo esta
reflexión que de fantasía no tiene nada. Pero lo hago porque me surge. Como
dije antes, a la inspiración no se la controla, para bien o para mal.
Sigo sin estar seguro de haber encontrado mi estilo. Tendré
que armarme de paciencia y esperar a que este aparezca.
Santiago Páez Montero
18/11/15
No hay comentarios:
Publicar un comentario