lunes, 30 de noviembre de 2015

Deidades de Prezlos

Caedrus el creador

Dicen que el universo surgió cuando Caedrus se creó a sí mismo. Con excepción de algunas criaturas creadas por otros dioses, los seres vivos y la materia inorgánica fueron hechos por este dios. El único ser que Maeve no puede destruir gobierna sobre la creación en el Palacio del orden, que se encuentra en la legendaria ciudad de Sitam, en el planeta Sorek. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Ingenieros.

Maeve la destructora

La esposa de Caedrus existe para traer el balance a la creación. Representa el inexorable fin de todas las cosas. Nada la limita ni la controla. La reina tiene su morada en el castillo del olvido, en la legendaria ciudad de Sitam. Los seguidores de esta diosa reciben el nombre de Calamidades.

Aseneth el guardián de las almas

El hijo mayor controla el Abismo que se encuentra por debajo de Prezlos, en el fondo del océano oscuro. Todas las almas de los seres vivos están bajo su atenta mirada. Las únicas almas libres de esta prisión son las que se han ganado el honor de estar con otros dioses. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Parcas.

Balmek el valiente

Al dios del combate justo se le ha dado la responsabilidad más grande de todas, mantener a raya a los demonios. Junto con los guerreros que se han ganado el honor de pelear junto a él, habita en los campos de batalla de Ankeros, en el planeta Triax. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Guardianes.

Navdos el asesino

Tan hábil como Balmek pero con métodos opuestos, guía a su liga de asesinos con el mismo fin de los seguidores del valiente, mantener contenidos a los demonios para impedir que acaben con la creación. Tiene su guarida en los campos de batalla de Ankeros. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Ejecutores.

Boreus el cazador

Junto con sus dos hermanos, Boreus recibió la orden de sus padres de retener a los demonios en los campos de batalla de Ankeros. A este dios también se lo llama el proveedor. Es adorado por los cazadores que buscan alimento y también por los que cazan a otros por cualquier otro motivo. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Rastreadores.

Artigol el jardinero

El hermano gemelo de Erunae, el jardinero gobierna sobre todo el reino vegetal y el clima. Es uno de los dioses más adorados entre los humanos. Vive junto a sus dos hermanas Erunae y Giseys en el jardín secreto, en el planeta Henimiun. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Herboristas.

Erunae la dama de las bestias

Erunae es la creadora del reino animal y de muchas criaturas fantásticas. Feroz enemiga de los que matan a sus hijos sin necesidad, reside en el jardín secreto. Los seguidores de esta diosa reciben el nombre de Maestros de las bestias.

Giseys la alquimista

La diosa del cambio, la más grande de las hermanas, habita en una torre de piedra en el jardín secreto, donde realiza sus continuos experimentos. Es adorada por todos los que usan la magia, siendo esta su más importante creación. Los seguidores de esta diosa reciben el nombre de Transmutadores.

Jilian la encantadora

Jilian es la diosa más cercana a la humanidad, ya que gobierna sobre los pensamientos, los sueños y las emociones. La encantadora es la única diosa que vive en Prezlos, siempre en movimiento y constantemente cambiando de apariencia. Los seguidores de esta diosa reciben el nombre de Embaucadores.

Silevran el viajero

El mensajero de los dioses es venerado por todos los que quieren llegar bien a su destino. Silevran está protegido por todos los demás dioses y se le permite el ingreso a todos los zonas del universo. El poco tiempo que este dios no está en movimiento habita en el hogar de su padre, el palacio del orden en la legendaria ciudad de Sitam. Los seguidores de este dios reciben el nombre de Exploradores.

Melimae la loca

La hermana menor es la diosa del conocimiento. Cuando fue creada se le dio el conocimiento del pasado y el presente, pero ella quería saber más. A pesar de la advertencia de sus padres, obtuvo el conocimiento del futuro. Al acceder a este perdió la razón, ya que ni siquiera un dios puede saber todo sin pagar un precio. Sus padres quisieron ayudarla, primero la destruirían y luego la harían de vuelta. Sin embargo ella prefirió la locura a perder su capacidad de ver el futuro. Ahora Melimae habita en el limbo, un lugar en constante cambio que orbita alrededor del planeta Sorek. Los seguidores de esta diosa reciben el nombre de Videntes.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

La famosa creatividad

Haber empezado a escribir cuentos me dió una prueba muy concreta de algo que percibí hace un par de años: las cosas más significativas de la vida no se encuentran, aparecen cuando deben aparecer. Si insistís en buscarlas o, una vez que aparecen las intentas cambiar, las arruinás. En la escritura es muy simple, o tenes las palabras en tu cabeza una atrás de la otra o lo arruinas. A la inspiración no se la controla. Por supuesto que se pueden cambiar palabras más tarde, pero son correcciones puramente estéticas. Siempre podés intentar imitar a otro escritor, o permitir que las opiniones ajenas te digan lo que tenés que escribir o como escribirlo, pero cuanto más permitís que la gente interfiera en tu texto, deja de ser tu idea y pasa a ser una idea deforme. Sera mejor o peor, pero no es auténtico.

Todo esto suena sencillo pero es muy complejo. Ya sea por tu inseguridad o por el maldito problema de querer satisfacer al resto se hace muy fácil pisar el palito. Desde que empecé a escribir me he dado cuenta (lo suponía desde antes pero lo vi con mayor claridad después) lo que le cuesta aceptar a la mayoría que el arte es subjetivo. Uno escribe sobre lo que tiene en la cabeza. Es como decirle a un pintor abstracto que pinte como Miguel Ángel. Suena ridículo y de hecho lo es.

Por supuesto que uno puede escribir cosas diferentes a lo que está acostumbrado. Yo escribo sobre fantasía y ahora estoy escribiendo esta reflexión que de fantasía no tiene nada. Pero lo hago porque me surge. Como dije antes, a la inspiración no se la controla, para bien o para mal.

Sigo sin estar seguro de haber encontrado mi estilo. Tendré que armarme de paciencia y esperar a que este aparezca.

Santiago Páez Montero


18/11/15

jueves, 12 de noviembre de 2015

Episodio III EL BACULO DE HARUK-TEN

-¿Para qué dices que sirve ese bastón de Hanuk, Naivara?- preguntó Fangrin el bárbaro.

-Se llama el báculo de Haruk-Ten y su función, en términos simples, es igual a la de tu escudo excepto que el báculo protege contra hechizos. Al igual que tu protección, si el báculo recibe demasiado daño, se rompe.- explicó la hechicera Naivara Anastriana.

-¿Por eso solo tienes la mitad del báculo, hermana? ¿Realmente crees que se puede volver a unir, conservando sus propiedades mágicas?- indagó la guerrera Sariel Anastriana.

-Naivara me pidió que lo investigue. He encontrado un ritual que puede hacerlo, Sariel- respondió Heskan, un sumo sacerdote de Caedrus el creador.

-Debo admitir que es interesante estar con ustedes, mortales. Te ayudare con esto hechicera. ¿Cómo conseguiste tu mitad? ¿La robaste? Es solo curiosidad, según mi opinión las cosas pertenecen a los que las encuentran.- dijo Felosial, la elfa arquera que se había unido al grupo después que los héroes la ayudaran a matar al temible Basilisco.

Naivara aprovechó el viaje a la ciudad de Jeleneth para poner al grupo al tanto de la situación. La hechicera se enteró hace unas semanas que la mitad del báculo había sido comprado por uno de los enemigos de Naivara, el mago Agnar. Como fue que el mercader había conseguido ese objeto en primer lugar era un misterio, ya que Naivara nunca logró dar con él vendedor. Conociendo la leyenda sobre los poderes del báculo la hechicera no podía permitir que el infame mago consiguiera el objeto. Aunque pudo recuperar el objeto se vio obligada a huir de un adversario claramente superior. Sin embargo había pasado el último mes entrenando y pensaba que podía vencer a su oponente si fuera necesario.

Ante las dudas de sus compañeros, Naivara les explico la diferencia entre un mago y un hechicero. Mientras que el primero se pasaba largos años estudiando libros y pergaminos para lograr alterar la realidad, los hechiceros aprendían a hacerlo de una manera más intuitiva. Se dice que mientras el límite de un mago está en su capacidad de encontrar libros arcanos o mentores capaces, el del hechicero está en su valor. El hechicero mejora sus poderes poniéndolos a prueba y llevándose al límite. Esta situación es riesgosa ya que si no se puede controlar el poder la persona puede morir.
Los hechiceros pueden obtener su magia de distintas formas, ya sea que uno de sus padres no sea humano, que hagan un pacto con un demonio o con otra criatura poderosa, que sean malditos o bendecidos desde antes de nacer, o de muchas otras maneras. En el caso de Naivara su poder está relacionado con los astros. En el momento de su nacimiento las constelaciones estaban a su favor, o quizás en su contra.

-Tengo la sensación que nos están siguiendo niña. Son más de uno. ¿Se tratara de Agnar?- le susurró Felosial a Naivara.

-Es bastante probable. Sabe que nos dirigimos a Jeleneth en busca de información sobre el báculo. No se arriesgara a entrar a la ciudad, ya que está siendo buscado por las autoridades. Se me ocurre que va a quedarse esperando a que nos alejemos para atacarnos- respondió Naivara.

-Bien. Ustedes busquen la información que necesitan. Fangrin y yo nos encargaremos de nuestros perseguidores.- sugirió Felosial.

La ciudad de Jeleneth estaba situada en una isla en gran lago Daer. Había varios muelles alrededor del lago del que periódicamente salían botes. Era gobernada por un grupo de Magos y conocida por sus dos escuelas de magia y por tener una de las bibliotecas más grandes del continente. También tenía un mercado y diversas tiendas donde se podía conseguir objetos exóticos y contratar magos por costos elevados. Solo poseía dos capillas, una dedicada a Gyseis la alquimista y otra a Melimae la loca.

Se dice que la isla había sido creada por los magos y que en caso de una invasión los gobernantes reunían a sus discípulos y realizaban un poderoso ritual que transportaba la isla a un lugar desconocido. Sin embargo esto se había realizado solo en situaciones extremas por toda la energía que requería. Además de esa defensa mágica, la mitad de la guardia estaba compuesta por magos elementales.

Cuando Sariel, Naivara y Heskan atravesaron los altos y blancos muros de piedra de la ciudad se encontraron con un laberinto de estrechas y caóticas calles. Excepto las numerosas torres de piedra la mayoría de los edificios tenían varios pisos de madera. Los edificios estaban pintados de alegres colores y las torres y las mansiones de piedra eran muy ornamentadas con figuras de criaturas fantásticas. De vez en cuando encontraban algún parque, con fuentes y estatuas majestuosas.

Mientras Sariel salió a recorrer la ciudad, Heskan y Naivara se dirigieron a la biblioteca. La hechicera le había aconsejado a su hermana que no intente conseguir información sobre Agnar ya que el Mago era buscado y las autoridades podrían malinterpretar las intenciones de la guerrera. La hechicera había estado en la ciudad hace unas semanas y ya había solicitado a los bibliotecarios los distintos libros y pergaminos relacionados con el báculo, para acelerar la investigación. Por otro lado el sacerdote quería averiguar sobre el pergamino que había encontrado en las cuevas de los ogros del bosque gris. Se trataba de un ritual tan antiguo que había palabras que Heskan desconocía. Por lo poco que había podido traducir el ritual estaba relacionado con devolver a los muertos a la vida.
Luego de varias horas de lectura Naivara pudo unir distintos retazos de información, consiguió la historia del báculo y su posible localización.

El noble Haruk-Ten había decidido contratar a un mago para que le fabrique el báculo ya que necesitaba protegerse de una Orden de magos con los que se había enemistado. La historia de esta rivalidad no aparecía en ningún libro. Lo que encontró la hechicera era sobre el día en que los magos decidieron atacar. Aparentemente el báculo absorbió demasiado poder y cuando estallo esta magia destrozo parte de la fortaleza, matando al noble, a sus hombres y a sus enemigos. Sin embargo entre los distintos libros estaba el diario de un ladrón que intento conseguir los restos del báculo. El texto decía que el ladrón pudo encontrar la mitad del báculo en los pasillos del castillo pero la parte faltante estaba custodiada por las personas que murieron junto al noble. Aparentemente la magia usada ese día los había transformado.

Aunque los primeros rumores decían que la destrucción del báculo había ocurrido en la fortaleza donde el noble había pasado toda su vida, textos más recientes indicaban que el noble había pasado los últimos años temeroso de sus enemigos y escondido en una pequeña fortaleza con sus hombres de mayor confianza en la helada cordillera de las Arjhans. Naivara estaba al tanto de esto ya que ella misma había ido a inspeccionar el castillo del linaje de Haruk-Ten y no había encontrado nada.
Mientras veía alejarse a sus compañeros subidos al bote que los llevaba a Jeleneth, la elfa decidió recurrir a su dominio sobre los animales para encontrar a Agnar y sus hombres. Le pidió a Fangrin que se aleje y no haga movimientos bruscos, saco una flauta de su morral y empezó a tocar una hermosa melodía. A medida que transcurría la canción decenas de pájaros se acercaron y rodearon a Felosial. Al terminar la música la elfa dijo algunas palabras en un idioma desconocido para Fangrin y los pájaros se dispersaron.

-Hermosa melodía. No sabía que tenías una flauta mágica.- dijo Fangrin mientras se acercaba a la elfa.

-La flauta es ordinaria, la magia la hago yo. Los pájaros tardaran un tiempo en averiguar en donde esta Agnar. ¿Deberíamos hacer algo para que el tiempo se pase más rápido, no crees?-preguntó Felosial mientras abrazaba a Fangrin.

Cuando los pájaros volvieron los compañeros seguían acostados. Felosial habló con los animales y los dos compañeros se dirigieron hacia una parte del bosque gris donde un grupo de ocho humanos armados habían establecido un campamento. Debido a que ninguno de los presentes respondía a la descripción que Naivara dio del mago, Fangrin los enfrento solo y Felosial permaneció oculta, esperando a que aparezca Agnar para matarlo antes de que pueda usar algún hechizo. Al ver que eso no sucedía se unió al bárbaro para acabar con los mercenarios.

-Las instrucciones que Naivara encontró en sus libros coinciden con el mapa que nosotros hallamos en el campamento, Sariel.- dijo Fangrin.

-¿Explicó la hechicera porque no viene con nosotros?- preguntó Felosial.

-No exactamente. Dijo que necesitaba quedarse un tiempo más en Jeleneth.- respondió Sariel.

Los cuatro héroes se habían reunido en Jeleneth para comprar provisiones y habían partido hacia las Arjhans, siguiendo el mapa. En el camino Sariel les comentó todo lo que su hermana había averiguado sobre la historia del báculo. Luego de subir un par de horas por un camino escarpado llegaron a las ruinas del castillo. Si bien el muro exterior estaba casi intacto, la puerta estaba destruida y el castillo estaba en ruinas. Por lo que podían ver los héroes desde la entrada la construcción no tenía techo y muchas paredes estaban derrumbadas. Luego de dejar sus monturas afuera de los muros empezaron a avanzar sigilosamente. Felosial iba adelante del grupo ya que no hacia ruido al moverse, y sus compañeros caminaban un par de metros atrás. Unos minutos después de que entraran llegó Agnar, que los había seguido desde Jeleneth. Luego de que el mago se decidiera a seguirlos Naivara salió de su escondite, que se había quedado a las afueras del lago Daer esperando a que su enemigo apareciera.

La explosión mágica responsable no solo había matado a todos los habitantes de la fortaleza, también los había levantado como zombies. La mayoría se movía en pequeños grupos por las ruinas, mientras que unos treinta se encontraban en lo que antes había sido el salón central. Sin embargo, Haruk-Ten había sufrido un final diferente. Su cuerpo había sido desintegrado al liberarse el poder del bastón. Sin embargo su espíritu no pudo descansar en paz. Años de aislamiento y temor lo habían arrastrado a la locura. Eso sumado a su furia al darse cuenta que a pesar de todo su esfuerzo y sacrificio sus enemigos lo habían vencido, hicieron que se formara un espectro. Su único interés ahora era asesinar a todo ser vivo que pusiera un pie en su fortaleza.

Felosial había podido acabar con los zombies que merodeaban por los pasadizos con sus silenciosas flechas fácilmente. Cuando pudo ver en el salón central a los zombies rodeando la figura espectral de un anciano con una vieja armadura y una espada retrocedió para darles instrucciones a sus compañeros. Las armas normales no podían dañar al espectro, pero Felosial poseía dos dagas mágicas que podían destruirlo.

-Yo me hare cargo de Haruk-Ten. ¿Ustedes podrán contras los zombies?- preguntó Felosial a sus tres compañeros.

-¿Treinta zombies contra nosotros tres? Son tan lentos que más que un combate será una sesión de entrenamiento- contestó Sariel.

A medida que la batalla transcurría Agnar espiaba a los héroes desde una habitación cercana. Sabía que los compañeros de Naivara vencerían pero también esperaba que esto los agotara lo suficiente para que él pueda matarlos y recuperar la mitad del bastón que estaba en la sala central. Luego se ocuparía de su enemiga y recuperaría lo que le fue arrebatado.

Aprovechando que su enemigo estaba perdido en sus pensamientos, la hechicera lo atacó con una ráfaga estelar. Sin embargo el rayo blanco golpeó contra un campo invisible. El mago se dio vuelta, realizó un rápido hechizo creando una mano enorme hecha de una niebla verde que levantó a la hechicera y empezó a apretarla.

-¿En serio creíste que vendría desprotegido, niña? Te advertí que tu orgullo seria tu perdición. Veamos si puedes atacarme sin usar tus brazos-

Mientras el cuerpo de Naivara era apretado con una gran fuerza, su mente recordó un hechizo que había aprendido de los silenciosos habitantes de la estrella Nared. Entonces miró fijamente a su enemigo y dijo unas palabras en un extraño lenguaje. En ese momento la mente de Agnar se llenó de visiones que ningún mortal debería ver, rompiendo su concentración y haciendo que empiece a gritar.

-¿Cuál es el problema Agnar? ¿No puedes mantener tu hechizo sin usar tu mente? ¿Ya no tienes nada que decir?-

-Saca estas imágenes de mi cabeza, maldita- dijo el mago arrodillado del dolor.

-Yo no me preocuparía por tu mente. Pronto estará bien, aunque no puedo decir lo mismo de tu cuerpo. 

-Adiós mi viejo enemigo, lo último que veras será mi forma astral- respondió Naivara mientras su cuerpo brillaba con la intensidad de una estrella.

Naivara había guardado su mejor poder para el final. Aunque la forma astral consumía su energía vital rápidamente, también potenciaba el resto de sus hechizos. Así que la próxima ráfaga estelar que salió de sus manos golpeó con una fuerza increíble al campo que envolvía a su enemigo. Unos instantes después el escudo explotó tirando hacia atrás a Naivara. Agotada por la magia usada se levantó, saco su espada y se dirigió a Agnar. Sin embargo no encontró el mago por ningún lado. Un hechizo de teleportación lanzado a último momento le había arrebatado su victoria.

                                                                                                                            Santiago Páez Montero

                                                                                                                                                           11/11/2015

viernes, 6 de noviembre de 2015

Personajes

HESKAN, EL SACERDOTE

Uno de los miembros fundadores de la Orden de la Garra de Oro, Heskan es un sumo sacerdote de Caedrus. Es el sanador, guía espiritual y el miembro más culto del grupo. Cuando no se encuentra protegiendo a los inocentes o llevando a cabo una misión encomendada por su iglesia se dedica a recopilar información sobre temas esotéricos. Si bien posee entrenamiento militar no es tan buen combatiente como Sariel o Fangrin. Caedrus el creador le da un poder limitado para reparar, potenciar, localizar y alterar casi todos los objetos, ya sean orgánicos o inorgánicos.


“El sacerdote llevaba una corta túnica por arriba de su armadura de mallas, de color azul con el símbolo de su dios en el pecho y en la espalda, un triángulo adentro de un círculo. La cofia de mallas permitía ver su pelo y barba desprolija de color anaranjado y sus ojos verdes. Tenía treinta y dos años, y era más musculoso que la mayoría de los sacerdotes, gracias a su trabajo con la forja. Llevaba un morral, un escudo y una maza.”


SARIEL, LA GUERRERA

La Dama Sariel Anastriana tuvo la idea de fundar la Orden de la Garra de Oro. Hermana mayor de Naivara, Sariel entreno en el arte de la guerra desde que era pequeña. Ella llego a estar al mando del ejército cuando el reino de su padre aun existía. Es una guerrera entrenada en una gran variedad de armas y una excelente estratega. Sigue un estricto código de conducta basado en la justicia, el honor y la lealtad.


“La recién llegada usaba una armadura de placas, de un exquisito diseño, con una fina capa azul, una espada larga y una daga en la cintura y un ostentoso casco que llevaba en la mano. Sariel tenía treinta años, el físico de una guerrera, el pelo negro atado muy corto y ojos marrones.”


NAIVARA, LA HECHICERA

La hermana menor de Sariel es el tercer miembro fundador de la Orden de la Garra de Oro. La hija menor de Theren Anastriana empezó a entrenar con su hermana en el uso de las armas hasta su adolescencia. Cuando llego a los quince años tomo conciencia de que poseía un poder mágico innato. La noche en que nació ocurrió un fenómeno astrológico muy inusual que le dio una conexión especial con los astros. Está obsesionada con alcanzar todo su potencial, cueste lo que cueste. Desde entonces se ha dedicado a recorrer el mundo, o mejor dicho los mundos, aprendiendo a controlar su poder. Gracias a esto ha conocido culturas y lugares que la mayoría de los mortales desconocen. Su poder místico puede usarse de manera ofensiva y defensiva.  Al igual que todos los usuarios de magia, usarla debilita su energía vital.


“…Sariel sintió la voz de su hermana detrás de ella. Al darse vuelta vio a una humana, con un rostro muy similar al suyo, un largo vestido negro con una espada en la cintura, pelo largo negro y ojos color miel. Llevaba unas sandalias en los pies, un amuleto plateado y varios anillos y pulseras.”


FANGRIN, EL BÁRBARO

Este imponente guerrero desciende de una familia de cazadores perteneciente a las tribus bárbaras que habitan las duras mesetas de Reknan. Cuando sus superiores notaron su capacidad como guerrero pasó a formar parte de la guardia de su pueblo. Fangrin siempre quiso dejar atrás la monotonía de su vida en la tribu y recorrer el mundo enfrentando criaturas que solo había conocido en cuentos. Esta oportunidad se dio cuando conoció a Heskan y a las hermanas Anastriana, que lo convencieron de unirse a la Orden de la Garra de Oro.


 “Este llevaba puesto una armadura de escamas y tenía cerca un casco, un hacha enorme, un escudo redondo y una espada ancha en su cintura. El hombre, que medía unos dos metros, tenía pelo rubio, una corta barba y ojos azules. Aparte de su armadura estaba vestido con ropa de cuero y una capa marrón. Sariel lo reconoció como un bárbaro de las mesetas Reknan por las marcas tribales celestes en su cara y sus brazos.”


FELOSIAL, LA ELFA

Esta hermosa arquera pertenece a la raza de los espíritus de los bosques, o elfos, una especie inmortal (a no ser que alguien la mate) creada por los dioses gemelos, Artigol el jardinero y Erunae la dama de las bestias. Considerados caprichosos e irresponsables por las demás razas, poseen una forma de ver la vida que los mortales son incapaces de entender. Si bien físicamente pueden pasar por humanos hermosos, tienen una multitud de poderes mágicos. Algunos poderes debilitan al elfo momentáneamente mientras otros no lo hacen en lo absoluto. La variedad de sus poderes es desconocida, pero se sabe que pueden ver auras y comunicarse con las plantas y a los animales. Felosial se ha reencontrado con Fangrin luego de veinte años y ha decidido ayudar al grupo, ya que le parecen interesantes sus riesgosas aventuras y por la atracción que siente hacia el bárbaro.



“…Ligeramente más baja y flaca que Sariel, tenía un vestido corto, unas botas altas, guantes y capa verdes, rubia, rasgos perfectos y ojos color esmeralda. El ser más hermoso que los compañeros habían visto llevaba un arco en la mano, un morral y un par de dagas apenas visibles en su espalda.”

(Los dibujos bajados de internet representan vagamente a los personajes. El día que consiga un buen dibujante los reemplazare.)

jueves, 5 de noviembre de 2015

La razón de ser de mi blog

Hace veinte años mi viejo me sugirió que leyera la saga del Señor de los Anillos. Me atrapó tanto el mundo creado por Tolkien que leí las mil quinientas hojas en menos de una semana. Desde entonces me ha fascinado la fantasía heroica. Y no solo novelas, también he leído muchos libros que describen a las criaturas mágicas que protagonizan dicho género, como el “El libro de los seres imaginarios” de Jorge Luis Borges. No me considero fanático de nada, siendo las únicas excepciones la fantasía heroica, el terror fantástico y el psicoanálisis.
Y no solo he leído sobre este género, he visto muchas películas, series y he jugado a juegos de todo tipo relacionados con la fantasía heroica y el terror fantástico. Incluso tengo libros con imágenes del género que veo una y otra vez. Actualmente he reemplazado estos libros con una cuenta de pinterest totalmente basada en este fanatismo https://www.pinterest.com/prezlos/

Sin embargo recién este año se me ocurrió escribir cuentos de estos géneros. Durante estos veinte años he tenido ideas que podrían haberse convertido en historias. La razón por la que tarde tanto tiempo en hacerlo escapa a mi comprensión. Como la mayoría de los autores clásicos he leído las descripciones originales sobre las criaturas que aparecen en mis cuentos y les he dado mi toque personal. Habiendo dicho esto, aunque suene un poco cursi, espero que disfruten leerlos tanto como yo disfruto de escribirlos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Episodio II EL DESIERTO DE LA PERDICIÓN



Ya había pasado el mediodía cuando el trio salió del pueblo de Torun en búsqueda de Naivara Anastriana. Ni siquiera la inminente tormenta freno su partida. Sariel, la hermana de la hechicera desaparecida, convenció a su amigo Heskan, un sacerdote de Caedrus y al bárbaro Fangrin, que recién empezaba a conocer, de dirigirse al bosque gris. El sacerdote había usado su magia divina para encontrar a Naivara, o lo que parecía ser Naivara. Caedrus, el creador, les permitía a sus clérigos localizar a un individuo a distancia, siempre y cuando el sacerdote estuviera muy familiarizado con la persona.

Naivara debía encontrase con sus compañeros hace dos días, pero mientras atravesaba el camino que rodeaba al bosque gris decidió internarse en el bosque. Luego de usar su magia, Heskan se dio cuenta que estaba en el medio del bosque. Lo llamativo era que algo le había pasado a su cuerpo. La hechicera había sufrido algún tipo de transformación. Su presencia aparecía y desaparecía sin explicación aparente.

Cuando Sariel decidió pedir ayuda a Fangrin, el bárbaro decidió ayudarla sin vacilar. Después de todo fue gracias al apoyo de la guerrera y el sacerdote que él pudo rescatar a su amigo Medrash de un demonio. Mientras los tres cabalgaban hacia el bosque, Sariel le comento un proyecto que estaban empezando a dar forma Heskan y las hermanas Anastriana. Hace un tiempo habían decidido crear un grupo con el propósito de en enfrentarse a la maldad que asolaba el mundo de Prezlos. Gracias a los recursos de Sariel, los contactos de Naivara y el conocimiento de Heskan querían formar la Orden de la Garra de Oro. Luego de reflexionarlo por un tiempo el bárbaro pensó que la idea de combatir contra las criaturas de la oscuridad a través del mundo sería un cambio interesante a la monótona vida en su tribu. Los barbaros tenían guerreros suficientes para poder mantener a salvo a su clan y eso le daba cierta libertad, pero antes de aceptar el amuleto que lo hacía parte de la Orden, les aclaro que su lealtad era primero a su tribu y luego a la Garra de Oro.

-¿Sabes identificar esas huellas, Fangrin?- preguntó Sariel mientras recorrían el camino entre el lago Daer y el bosque gris.

-Con este tamaño y basándome en los rumores sobre este bosque deben ser ogros.- contestó el bárbaro luego de bajarse del caballo para investigar de cerca.

-¿Asumo que ya te has enfrentado a ogros antes, no? Yo solo he leído sobre ellos, ¿podrías contarme algo de tu experiencia, Fangrin?- dijo el sacerdote.

-Claro, amigo. Aún recuerdo cuando luchamos contra esos enormes seres. Fue un glorioso día para mi tribu. Nos superaban en número, tres a uno. Afortunadamente lo que tienen en músculos les falta en inteligencia y valor. Cuando vencimos a la mitad el resto huyo. Eso sí, si llegáramos a ser derrotados asegúrense que no los atrapen vivos. Les encanta comer criaturas inteligentes, cuanto más frescas mejor.- respondido Fangrin.

Los grupos de ogros no eran el único rumor sobre el bosque gris. Heskan sabía qué en lo más profundo de ese lugar existía una antigua arboleda sagrada. Una porción consagrada del bosque que solía ser venerada por los sacerdotes de Artigol el jardinero y que aparentemente estaba bajo la custodia de los espíritus del bosque, también conocidos como Elfos. Aunque estas criaturas solían permanecer fuera de la vista, ya que se decía que en un terreno salvaje un elfo solo se ve si desea ser visto, los seguidores de Artigol juraban haber visto a uno de estos espíritus rondando el lugar por lo menos en dos ocasiones.

Heskan nunca mantuvo una conversación con un elfo, pero había escuchado que tenían poderes mágicos, que eran caprichosos, poco responsables y solo obedecían a sí mismos y a los dioses que los crearon, los gemelos Erunae la señora de las bestias y Artigol el jardinero. Sariel escuchaba las palabras de su amigo con atención, ya que nunca había escuchado nada de esos espíritus. El bárbaro sin embargo les conto una versión diferente ya que el sí vio un grupo de elfos cuando era chico y este recuerdo había quedado marcado en su memoria.

Un grupo de tres elfos habían aparecido en la tribu del bárbaro, hace ya unos veinte inviernos, para hablar con su líder. Fangrin nunca conoció la razón, aunque recuerda haber visto a varios docenas de guerreros partir con los elfos al poco tiempo de su llegada. Las criaturas parecían ser más humanas de lo que le describía Heskan. Lo que si los destacaba era su belleza sobrehumana. La única mujer del grupo, llamada Felosial, tenía unos rasgos tan perfectos que incluso un niño como él supo que no se trataba de una simple mortal.

Mientras cenaban en el camino, Fangrin menciono que las huellas parecían ir y venir. Sariel pensó que podrían estar buscando algo y decidieron hacerles una emboscada. Heskan lanzó un hechizo para poder dialogar con las criaturas y así poder sacarles información sobre la hechicera perdida. Así que decidieron dejar el fuego encendido y esconderse en el bosque. Después de esperar media hora su plan dio resultado. Dos criaturas de tres metros de alto, con largos brazos y vestidos con pieles de distintos animales aparecieron por el camino. Llevaban pesados garrotes de madera y sucias bolsas de cuero. Uno de ellos vio la fogata y Heskan lo escuchó decir “Más sacrificios para el pequeño rey. Golfar estará contentó” mientras se acercaban.

Cuando estuvieron suficientemente cerca, Fangrin salió al encuentro del primero, hundiéndole su hacha en la pierna del gigantesco humanoide. Cuando el segundo ogro se adelantó se encontró con Sariel y Heskan. Si bien el bárbaro parecía estar enfrentando a su oponente sin mayores dificultades, Sariel no llego a esquivar el garrotazo y cayo inconsciente al suelo. El sacerdote podía frenar los ataques con su escudo, aunque sentía cada golpe en su brazo, pero le resultaba difícil acercarse para lograr un buen golpe. Cuando creyó que ya no podía contener más a su enemigo la ayuda llego desde atrás del ogro. En cuestión de unos segundos cuatro flechas se clavaron en su espalda. Antes de que el ogro lograra girar dos más lo remataron.

La salvadora era una elfa. De hecho era la misma que Fangrin había visto hace veinte años. Felosial estaba exactamente igual a la descripción del guerrero. Ligeramente más baja y flaca que Sariel, tenía un vestido corto, unas botas altas, guantes y capa verdes, rubia, rasgos perfectos y ojos color esmeralda. El ser más hermoso que los compañeros habían visto llevaba un arco en la mano, un 

morral y un par de dagas apenas visibles en su espalda.

-¿Felosial, no? ¿Qué eres realmente, un espíritu de la naturaleza con poderes mágicos o un ser vivo como nosotros?- preguntó Sariel, luego de que Heskan la curara y la elfa ayudara a matar al otro ogro.

-Algo de esto y algo de aquello. Pero definitivamente no soy como ustedes. A no ser que sean inmortales, niña.- respondió Felosial mientras observaba fijamente al bárbaro.

-¿Me recuerdas? Tú eres tan bella como aquella vez, hace tantos años, sin embargo yo solo era un niño.- preguntó intrigado Fangrin.

-Claro que te recuerdo humano. Hay algo que el sacerdote no les contó, los espíritus podemos ver el aura de los seres vivos y no hay dos iguales. Desde que te vi supe que estabas destinado a la grandeza.- contestó Felosial.

-¿Cómo sabes lo que les conté?- dijo Heskan, mientras empezaba a llover sobre los héroes.

-Los vengo siguiendo desde que llegaron al bosque. Como bien dijiste, somos muy sigilosos cuando queremos. Conozco la razón que los trajo aquí y los ayudare, siempre y cuando ustedes me ayuden a mí. Aparentemente tenemos un problema en común.-

Felosial sabía que Naivara había sido secuestrada por los ogros. La tribu de ogros liderada por Golfar el voraz había raptado a varios humanos, siendo además el responsable por destruir la arboleda sagrada. Felosial había decidió visitar el lugar hace unos días y descubrió lo ocurrido. Desde entonces juro venganza y empezó a matar a los ogros que cometían el error de separarse de las cuevas en donde se ocultaba la tribu. Cuando el líder termino de entender el problema la elfa había matado a una docena de ogros. Los restantes ya no salían de su guarida, y Felosial sabía que no podría contra el resto si se mantenían unidos. Hasta que no encontró al trio de héroes había decidido esperar a que las criaturas murieran de hambre, pero ahora estaba entusiasmada con poder acabar con ellos de una manera más rápida.

A medida que se adentraban en el bosque gris Sariel recordó porque lo llamaban de esa manera. El piso estaba prácticamente cubierto de piedras grises. Caminar por el lugar era incómodo por el terreno pedregoso, los árboles que crecían bajos y retorcidos y las raíces que muchas veces salían a la superficie. Habían dejado los caballos atrás, con excepción de la montura del bárbaro ya que esta formaba parte del plan que el grupo había pensado.

-¿Estás seguro de poder enfrentarte tu solo a Golfar? Es un oponente mucho más fuerte que el ogro con el que luchaste en el camino, y ni siquiera pudiste contra el.- susurró la elfa a Heskan cuando el grupo se acercó al campamento.

-No eres la única capaz de realizar magia, no me importa cuán formidable sea ese ogro, no es rival contra el poder de Caedrus.-

-Si tú lo dices. Sariel se quedara contigo por las dudas. Yo me llevare al grandote y te sacaremos al resto de la tribu de encima.- dijo Felosial mientras se subía al caballo de Fangrin, dándole la espalda al bárbaro.

Los héroes esperaron a que la mayoría de los ogros estuvieran afuera de las cuevas. Felosial les explicó que Golfar y sus dos guardaespaldas rara vez salían. Cuando el resto de los ogros estaban a la vista, Fangrin y Felosial aparecieron montados en el caballo. El bárbaro lanzó un grito de guerra mientras se dirigía al ogro más cercano con su espada desenvainada. Cuando lo cortó los ogros empezaron a perseguirlo, alejándose del campamento, mientras Felosial les iba disparando flechas. Ahí fue cuando el grupo se dio cuenta que la elfa no tenía un carcaj con flechas. Estas aparecían en su arco a medida que ella lo tensaba.

Cuando los ogros se fueron, Golfar y sus guardaespaldas salieron de una de las cuevas y se encontraron con Sariel. Heskan también estaba presente, pero gracias a su magia había alterado su cuerpo para volverse invisible. Mientras Sariel se encargaba de los ogros, el sacerdote los rodeaba, poniéndose detrás de su líder.

-Libera a la humana o acabaremos con todos ustedes- gritó Heskan mientras se hacía visible.

El líder, que era más grande y fuerte que el resto, levantó su enorme hacha de piedra, dispuesto a partir al sacerdote a la mitad. Heskan había realizado un poderoso hechizo sobre su maza, que brillaba con una intensidad cegadora. Cuando ambas armas se encontraron todo el poder del conjuro se desató, en una explosión de luz y sonido que se llegó a escuchar incluso en el lugar en donde el bárbaro y la elfa estaban peleando. El hacha de piedra se hizo pedazos, Golfar quedó enceguecido y ensordecido, y emprendió la huida, junto a sus seguidores.

El sacerdote agradeció que su plan diera resultado, porque sabía que no podía mantener un combate contra el enorme ogro. Otro golpe detenido con su maza le hubiera roto un brazo. Mientras se recuperaba y buscaba a Naivara, Sariel partió para ayudar a Fangrin y Felosial.

Cuando los héroes se reencontraron con Heskan este les dijo que lo único útil que había encontrado en las cuevas era un pergamino antiguo metido en un estuche entre los cadáveres de varios humanos. Estaba escrito en el lenguaje de los dioses y le tomaría un tiempo descifrarlo. También descubrió los restos de la cascara de un huevo enorme. Fangrin lo reconoció como un huevo de un águila gigante. La razón por la que los ogros habían capturado ese huevo era todo un misterio. Afortunadamente Naivara no estaba entre los muertos.

Al enterarse que Naivara seguía desaparecida, Felosial les sugirió a los héroes que la siguieran al lugar en donde solía estar la arboleda sagrada. Era probable que la hechicera estuviera allí. Mientras se acercaban Felosial les explicó porque estaba el huevo donde lo encontraron. El resultado de un huevo de águila gigante empollado por una serpiente era un Basilisco, o como lo llamaban algunas razas “pequeño rey”, por la mancha en forma de corona que la serpiente tenía en la cabeza. Dicha criatura tenía el cuerpo de una serpiente gigante, ocho patas de águila y un par de alas del mismo animal. Su modo de ataque más peligroso no eran sus garras o sus colmillos. El basilisco mataba a cualquier ser vivo que mirase los ojos del monstruo. Los ogros tenían esperanza de llegar a domarlo para usarlo como arma contra sus enemigos y lo mantenían alimentado a base de sacrificios humanos.

Al llegar a la zona donde había estado la arboleda solo vieron un desierto. La elfa les explico que esa era la guarida de la bestia. El basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se alimenta queda envenenada. Su mirada rompe las piedras y quema el pasto.

Mientras escuchaba a la elfa, Sariel sintió la voz de su hermana detrás de ella. Al darse vuelta vio a una humana, con un rostro muy similar al suyo, un largo vestido negro con una espada en la cintura, pelo largo negro y ojos color miel. Llevaba unas sandalias en los pies, un amuleto plateado y varios anillos y pulseras. Naivara aparecía y desaparecía, como si no estuviera del todo en este mundo. La hechicera les explicó al grupo que los ogros la habían intentado sacrificar al basilisco. Cuando ella se dio cuenta de su oponente decidió transportarse a otro planeta para evitar la mirada de la criatura. Sin embargo, luego de estar tantos días en otro mundo le estaba costando materializarse completamente en Prezlos. Heskan dijo que podría ayudarla a volver íntegramente pero no sabía cuánto demoraría.

Sariel, Felosial y Fangrin decidieron que era mejor intentar matar a la criatura lo más pronto posible, antes de que ella los localice. La elfa les dijo que la mejor manera de lograrlo era que ellos dos atraigan su atención mientras ella permanecía oculta. Cuando la criatura bajase al suelo la elfa la cegaría con sus flechas. Matarla sería fácil sin su temida mirada. Sin embargo les advirtió que incluso sin poder verlos la criatura tenía un gran oído y podría captarlos gracia a ello.

-¿Felosial, podrías dejar de ver el torso desnudo del bárbaro y decirme porque debemos ir sin nuestras armaduras?- dijo Sariel mientras terminaba de sacarse su cota de placas.

-Tranquila niña. La bestia es lo suficientemente inteligente para distinguir a un guerrero que viene a matarla de un sacrificio humano. Podrán llevar sus espadas, pero te recomiendo que la envuelvas en una tela.- respondió Felosial sin dejar de mirar a Fangrin.

-¿Y cómo evitaras que te vea o lograras dispárale a los ojos a una criatura que no puedes ver?- preguntó la guerrera.

-Soy inmune a su mirada, ventajas de ser un espíritu. Y con respecto a acercarme sin ser descubierta, puedo camuflar mi cuerpo cuando estoy en un entorno natural. Por algo nos llaman fantasmas de los bosques.- explicó la elfa mientras se ponía su capucha y todo su cuerpo cambiaba de color.

Cuando los tres héroes estaban cerca del centro del desierto el basilisco descendió. Tal como lo había prometido, Felosial logro cegar a la criatura con dos certeros disparos. Sin embargo los guerreros no llegaron a sacar sus armas a tiempo. El monstruo sujeto a Sariel con sus garras. Fangrin recibió un mordisco y cayó al suelo bajo el efecto del veneno. A pesar de que Felosial seguía atacando con sus flechas la criatura empezó a levantar el vuelo, con una Sariel inmovilizada.
Cuando el monstruo estaba escapando con su víctima, Heskan y Naivara se unieron a la pelea. El sacerdote había modificado su cuerpo a 
través de un hechizo y volaba gracias a unas alas de halcón.

-¡Suelta a mi hermana, maldito! Veamos si puedes seguir volando después de recibir mi ráfaga estelar- gritó Naivara mientras lanzaba un rayo de energía blanca, quemando al basilisco.

Heskan atrapo a Sariel cuando caía. Aunque la bestia había sobrevivido al golpe, Felosial y Naivara lograron acabar con su existencia antes de que pueda dañar a alguien más.

Santiago Páez Montero
                                                                                                                                                                                                  27/10/2015

Episodio I UN FALSO DIOS


Heskan había llegado a la ciudad de Torun mas rápido de lo que había previsto. Supuso que en un asentamiento que se dedicaba casi exclusivamente a la minería podría alquilar la forja que necesitaba para completar su trabajo. Por eso les sugirió a sus colegas, la dama Sariel y la hechicera Naivara, reunirse en ese lugar. Hace unos meses que no veía a sus amigas y extrañaba a las hermanas.

El trabajo, que tantas complicaciones le había traído, era una espada y una daga muy especiales que Sariel le había encargado. Solo un hábil herrero y un sumo sacerdote de Caedrus podían combinar la magia y el metal de esa manera. El resultado era un arma que no solo era más ligera y resistente que el resto, también era capaz de cortar sustancias que el hierro no podía. Las complicaciones habían consistido en conseguir el raro metal con el que estaban hechas, mitril, y encontrar el ritual específico para hacer ese tipo de armas. A pesar del tiempo invertido, el sacerdote se sentía muy orgulloso de su trabajo.

Una noche Heskan se encontraba en la posada de Torun leyendo un viejo manuscrito y tomando una jarra de vino cuando le llamo la atención una conversación que estaban teniendo unos pueblerinos. Aparentemente un grupo de mineros habían desaparecido hace una semana, junto con los guardias que habían ido a buscarlos. Cuando quiso averiguar más sobre el episodio, la puerta de la posada se abrió y una vieja amiga entró al establecimiento. La recién llegada usaba una armadura de placas, de un exquisito diseño, con una fina capa azul, una espada larga y una daga en la cintura y un ostentoso casco que llevaba en la mano. Sariel tenía treinta años, el físico de una guerrera, el pelo negro atado muy corto y ojos marrones. Luego de revisar la posada, ubicó al sacerdote y se acercó.

Cuando Sariel se acercó a su amigo notó que los años no parecían afectar a Heskan. El sacerdote llevaba una corta túnica por arriba de su armadura de mallas, de color azul con el símbolo de su dios en el pecho y en la espalda, un triángulo adentro de un círculo. La cofia de mallas permitía ver su pelo y barba desprolija de color anaranjado y sus ojos verdes. Tenía treinta y dos años, y era más musculoso que la mayoría de los sacerdotes, gracias a su trabajo con la forja. Llevaba un morral, un escudo y una maza.

-Al fin has llegado, amiga. Noté que estabas en las cercanías del pueblo y traje lo que me encargaste- dijo el sacerdote mientras desenvolvía una tela oscura donde estaban las armas.

-Son perfectas, gracias. Veo que usaste tu magia para saber dónde estaba. ¿Sabes algo de mi hermana?-  preguntó la guerrera mientras se sentaba y se servía algo de vino.

-No, al parecer está atrasada, no creo que llegue hoy. Espero que no le haya pasado nada malo.- respondió preocupado el sacerdote.

-No te preocupes. Estoy seguro que debe tener una muy buena razón para no llegar a tiempo. Hace unas semanas la vi en Jeleneth. Me preguntó por vos y dijo que estaba ansiosa de que llegue este día. Lamentablemente creo que el encuentro tendrá que esperar. Antes de llegar aquí un guardia me pidió ayuda para encontrar a unas personas desparecidas- explicó la guerrera mientras reemplazaba sus viejas armas por las nuevas.

Mientras se dirigían al puesto de guardia Heskan le contó a Sariel sobre la conversación que había escuchado en la posada. Al entrar al lugar vieron a dos guardias conversando con un enorme guerrero.  Este llevaba puesto una armadura de escamas y tenía cerca un casco, un hacha enorme, un escudo redondo y una espada ancha en su cintura. El hombre, que medía unos dos metros, tenía pelo rubio, una corta barba y ojos azules. Aparte de su armadura estaba vestido con ropa de cuero y una capa marrón. Sariel lo reconoció como un bárbaro de las mesetas Reknan por las marcas tribales celestes en su cara y sus brazos.

El bárbaro se llamaba Fangrin. Había venido a visitar a su viejo amigo Medrash, uno de los miembros de la guardia desaparecidos. Luego de una breve conversación el trío decidió unir fuerzas e investigar lo ocurrido. Pasaron por el mercado a comprar algunos suministros y partieron hacia la mina.

-No reconozco el símbolo de tu túnica Heskan. ¿A qué deidad le rindes culto? Los sacerdotes de mi tribu suelen adorar a Artigol el jardinero, Boreus el cazador y a Balmek el valiente, para que nos ayuden a sobrevivir en las duras mesetas de Reknan.- Explicó Fangrin.

-Soy un sumo sacerdote de Caedrus. El Creador nos da a sus clérigos la capacidad de crear, modificar, reparar o localizar a todas las cosas, orgánicas e inorgánicas, hechas por él. Por supuesto que todo hasta cierto límite. Entre los sacerdotes de los distintos dioses, nosotros somos conocidos como sanadores y por nuestra capacidad de alterar las propiedades de las cosas- Respondió Heskan.

-¿Y tú, Sariel, perteneces a la casa de los Anastriana, no? Reconozco el símbolo en tu anillo. Lamento mucho lo ocurrido con tu familia- Dijo Fangrin.

-Gracias Fangrin. Yo reconozco tu procedencia por tus marcas- contestó la guerrera.

Al entrar a la mina descubrieron algunas herramientas de minería y signos de lucha. No había cuerpos, pero al no ver muchos rastros de sangre el grupo terminó asumiendo que la mayoría de los guardias de Torun habían sido secuestrados. No encontraron ningún indicio sobre los atacantes. A pedido de Heskan, el bárbaro le describió lo más detallado posible a Medrash. No solo su cuerpo o su vestimenta, también su modo de ser, su historia y en general las actitudes que lo hacían destacar del resto. Gracias a toda esa información el sacerdote pudo a través de la magia divina detectar la ubicación del guardia. Después de un trance que duro varios minutos les comunicó a sus compañeros que Medrash se encontraba vivo y con buena salud, aunque se hallaba en el interior de la montaña. Mientras buscaba al guardia, sintió algo muy extraño en las proximidades, una “distorsión de la realidad”. Sin embargo necesitaba investigar más sobre la situación para saber por qué podría haber sucedido esto.
Mientras Heskan se encontraba en trance para localizar a Medrash, los luchadores registraron detenidamente toda la mina y encontraron un pasadizo escondido. Al no encontrar otra manera de ingresar a la montaña el trío decidió encender unas antorchas y avanzar por el estrecho pasillo. El bárbaro localizó algunas huellas en el polvo que se extendía por el suelo del pasaje. A lado de las huellas humanas había unas más pequeñas, alguna clase de humanoide que tenía largos pies terminados en garras. Luego de pensar por un tiempo qué clase de ser dejaría esas huellas el sacerdote recordó a una raza de tímidos humanoides llamados kobolds. Había escuchado de ellos mientras buscaba el mitril. Habitaban bajo tierra y aunque a veces solían robar no acostumbraban a entrar en conflicto con los humanos. 

Luego de caminar una hora llegaron a una cámara que daba a un túnel mucho más ancho. Cuando estuvieron a unos metros de salir del lugar escucharon ruidos de pasos y una conversación en un idioma desconocido, aunque el tono de voz les hizo suponer que se trataba de los kobolds. Fangrin decidió salir a su encuentro confiando en que su apariencia los intimidaría. Esa confianza casi lo mató. Al girar se encontró con cuatro humanoides de un metro de estatura, con cola y una boca llena de dientes filosos. Llevaban una tosca armadura de mallas y usaban lanzas y picos de minería como armas. Los cinco tenían una runa en la frente.

El bárbaro lanzó un grito de guerra y atacó dando un círculo con su hacha, pudiendo herir solo a uno. Los demás esquivaron el impacto y respondieron con sus armas con una agilidad y una fuerza que no era propia de su raza, logrando hacerle dos heridas al guerrero. Afortunadamente Sariel y Heskan actuaron rápido. Mientras la guerrera descargaba una lluvia de ataques sobre los kobolds, en un intento de llamar la atención de las criaturas y cubrir la retirada de Fangrin, el sacerdote ayudaba a retroceder al bárbaro y realizaba un hechizo de sanación. En cuanto el conjuro hizo efecto, Fangrin y Heskan rápidamente se unieron al combate.

-Pensé que eran tímidos y débiles.- explicó Fangrin cuando lograron vencer a sus oponentes.

-No deberías haberlos subestimado, nunca combatiste con un guerrero kobold.- comentó Sariel.

-No me subestimes a mí. No me sorprendió su habilidad con las armas, me asombró su fuerza, resistencia y agilidad.- respondió el bárbaro.

-¿Estas criaturas siempre tienen este símbolo en la frente?- le preguntó Sariel a Heskan.

El sacerdote dijo que nunca había visto a un kobold así y les explicó que se trataba de un símbolo escrito en lenguaje divino. Aunque ese idioma era basto y ni siquiera los sacerdotes conocían todas las palabras, Heskan pensaba que se trataba del nombre de alguien. Creía que significaba “Akmenon”.

El pasillo bajaba y daba varias vueltas. Luego de caminar más de dos horas llegaron a la entrada de una caverna enorme que contenía una ciudad Kobold. Estaba formada por calles anchas y construcciones modestas de piedra de uno o dos pisos. Extrañamente no encontraron guardias en la entrada ni en ningún otro lado. A medida que bajaban por una empinada calle les llamaba la atención que la mayoría de los edificios parecían estar vacíos. De vez en cuando creían percibir 

una sombra pero al acercarse no llegaban a ver a nadie.

En el centro de la ciudad vieron una residencia de varios pisos, ligeramente más elegante que el resto. Al ingresar vieron a muchos kobolds muertos. Algunos de ellos estaban vestidos como soldados, y otros un poco más arreglados. A varios de estos cadáveres les faltaban partes, como si algún ataque misterioso los hubiera reducido parcialmente a cenizas. Los soldados habían sido despedazados con algún arma muy filosa. A medida que se adentraban en el edificio se volvía más evidente que estaban en el palacio 

real. Cuando llegaron al salón del trono encontraron a casi dos docenas de kobolds muertos, entre los que se encontraba el Rey. Heskan observó que ninguno de los presentes tenía la marca en la frente. Mientras revisaban el salón notaron por una ventana que en la calle, un pequeño grupo de kobolds, idénticos a los que se habían enfrentado antes, llevaban a la fuerza a otro grupo, más sumiso, al oeste de la ciudad. Apenas vio la situación Sariel empezó a bajar las escaleras a toda velocidad, seguido por sus dos compañeros. Aunque no fueran humanos, la dama no toleraba la tiranía. Prevenidos por el encuentro anterior los héroes no tuvieron demasiadas dificultades para vencer al grupo de opresores.

Cuando los cautivos retomaron su libertad, uno de ellos, un anciano, se acercó lento y temeroso al trio. Al darse cuenta que eran incapaz de entender lo que el kobold le decía, Heskan realizó un rápido hechizo. Su dios le concedió la capacidad de entender a cualquier ser de la creación.

-Muchas gracias, valientes humanos, aunque me temo que esta solución solo es temporal. La ciudad está condenada. El supremo sacerdote Lotren invocó a la destructora.- explicó el anciano.

-¿Dices que invocó a Maeve? ¿Por qué haría algo así? Cuéntame quizás podamos ayudar en algo.- respondió Heskan.

-Nuestro Señor quería convivir en paz con las criaturas de la superficie. Lotren solo quería conquista y pensó que invocar a la diosa lo ayudaría con sus planes. El pobre Rey fue el primero en morir.-

-¿Y dónde está Lotren ahora? ¿Sabes que ha pasado con los humanos desaparecidos?-

-El sacerdote y los humanos están en el gran templo dedicado a la destructora, al oeste de la ciudad. Si creen poder salvarlos apresúrense, los deben estar convirtiendo ahora.-
Apenas les contó lo sucedido a sus compañeros, el grupo empezó a moverse hacia el templo, enfrentado a pequeños grupos de Kobolds en el camino.

-¿Crees que esa era la distorsión de la realidad que notaste, Heskan? ¿Realmente este Lotren invocó a Maeve, la destructora? ¿Ella habrá transformado a esos kobolds?- preguntó Sariel, claramente nerviosa.

-No te preocupes, es imposible que haya invocado a la diosa. Estamos hablando de la esposa de Caedrus, los dos seres más poderosos de la creación. No estoy seguro que se pueda invocar a un dios, pero lo que sí sé es que eso requeriría a una gran cantidad de sacerdotes. Además yo hubiera sentido su presencia estando tan cerca. Sin embargo la distorsión de la realidad probablemente fue debido a que alguien convocó a un ser de otro mundo. Debemos proceder con mucho cuidado.-

Al llegar al templo se vieron sorprendidos por la diferencia con el resto de los edificios. El exterior era aún más lujoso que el palacio real, con una larga escalinata, un techo sostenido por numerosas columnas e imágenes de diversos episodios relacionados con la diosa en las paredes. Era obvio que el edificio era anterior al resto de la ciudad y no había sido hecho por los kobolds.
Antes de que los luchadores empezaran a subir las escalinatas el sacerdote les pidió que no entren. Creía que Lotren podía estar esperándolos y si los tomaban por sorpresa no podría protegerlos a todos de su magia destructiva. Les dijo que permanecieran afuera hasta que él se los indicara. A continuación lanzo unos hechizos sobre él mismo y entró al edificio con su escudo y la maza irradiando una luz sagrada.

El templo estaba iluminado por cuatro grandes braceros de hierro, que rodeaban una estatua de gran tamaño que representaba a la diosa, una hermosa mujer vestida como una reina, sentada en un trono. En el salón había muchos bancos bajos de piedra, imágenes similares a la de las paredes exteriores y una pequeña biblioteca de madera con unos pocos libros y varios pergaminos. Había tres grandes puertas, una en cada costado y otra atrás de la estatua. En uno de los extremos más alejados del gran salón lo estaba esperando Lotren, un kobold que vestía una túnica oscura y estaba armado con un bastón de metal ornamentado. Apenas Heskan entró en la sala y se acercó a la estatua recibió una esfera de energía oscura lanzada por su enemigo a través de su bastón. Afortunadamente pudo desviarlo con su escudo. Si no hubiera lanzado un hechizo protector, su escudo y probablemente su brazo se hubiera reducido a cenizas. Lotren lanzó cuatro esferas más, que también fueron desviadas, destrozando parte del templo en el proceso. Frustrado por su enemigo y viendo cómo se acercaba con una maza que brillaba como si estuviera hecha de electricidad, decidió lanzar su hechizo más poderoso. Lo apuntó con su bastón y un gran rayo de energía oscura atacó a Heskan. Si bien el héroe aguantaba el hechizo con su escudo, su magia se debilitaba ante el poder de su adversario. Paso a paso llegó a arrinconar al enemigo contra una columna, golpeando al bastón con su maza. El golpe hizo un sonido ensordecedor, como un trueno, quebrando el báculo en dos. Un ataque más y Lotren cayó fulminado al suelo. Heskan se sentó agotado por toda la magia empleada y llamó a sus compañeros.

Mientras la guerrera y el bárbaro recorrían el templo, el sacerdote encontró un pergamino en la pequeña biblioteca que explicaba la manera de invocar a uno de los servidores de Maeve, el demonio llamado Akmenon, el corruptor. Luego de estudiar el pergamino le comentó al resto del grupo que la criatura contaba con una fuerza y resistencia sobrehumana y la capacidad de poder realizar un ritual que le permitía modificar a cualquier ser vivo en una versión más fuerte, ágil y resistente. Esto llevaba varios días, pero luego la criatura quedaba bajo el poder del demonio. No le asombraba que unas criaturas tan débiles e ignorantes como los kobolds confundieran a un demonio con un dios. Sariel le comentó a Heskan que la puerta de la izquierda era un depósito que contenía algunos objetos sagrados y otros suministros y en la de la derecha habían encontrado a una parte del grupo de mineros y soldados. Aunque no habían podido abrir la puerta que se encontraba en el fondo del templo, ya que se encontraba cerrada con llave, los sobrevivientes les habían comentado que era allí a donde se encontraba Medrash y el resto de los guardias. Luego de terminar de registrar el lugar Fangrin encontró la llave entre las pertenencias de Lotren. Heskan ordenó a los cautivos que se mantengan alejados del peligro y se reunió con sus compañeros para comentarles su plan.

-Debemos prepararnos para enfrentar al demonio. Lo mejor que puedo hacer por ustedes es el ritual de fortalecimiento. Mejorará su cuerpo, sus armas y armaduras. De esta manera tendrán una posibilidad contra este enemigo. Deben saber que este efecto no durara mucho y que luego de mi enfrentamiento con Lotren, este ritual es lo último que podré hacer por la causa. Mi fuerza vital se consume luego de cada hechizo y los rituales usan mucha energía.- explicó el sacerdote.

Heskan preparó el ritual santificando el lugar con runas, velas e inciensos sagrados, mientras los guerreros empezaron a discutir qué estrategia usar para acabar con Akmenon. Luego de varios minutos, en los que los luchadores permanecían sentados mientras el sacerdote realizaba cánticos y los bendecía con agua bendita, el ritual estuvo completo.

Mientras Heskan se reponía, Sariel y Fangrin usaron la llave para ingresar a la puerta trasera del templo. Al atravesarla se encontraron en una gran caverna, que si bien estaba iluminada por algunos braceros, el techo era tan alto que permanecía en la oscuridad, así como las paredes más alejadas. Lo que si podían ver era que el lugar se había usado para diversos rituales en el pasado ya que vieron varios círculos místicos, runas, velas y pequeños altares. En el fondo de la cueva lograron ver a los guardias que habían venido a rescatar, sentados en círculo, en una especie de trance. Al no ver al demonio por ninguna parte decidieron avanzar hacia los cautivos. Cuando estaban a la mitad de camino, su enemigo cayó del techo. La criatura que les había cortado el paso era un humanoide de tres metros de altura. Su cuerpo era oscuro como la noche y duro como la roca. Tenía tres cabezas, cada una con cuatro ojos, una corona y una corta barba. En cada uno de sus cuatro brazos llevaba espadas cortas de aspecto siniestro. Caminaba con cuatro piernas y llevaba a modo de armadura unas placas de un metal desconocido. Los guerreros se vieron obligados a improvisar ya que no sabían que su enemigo tenía cuatro brazos con que atacarlos. Sariel rápidamente se acercó lo más posible a Fangrin para evitar que al demonio le fuera difícil atacar con sus cuatro armas a un solo oponente y se dedicó a frenar las dos espadas que lo atacaban a él. Fangrin dejó su hacha en el suelo y comenzó a parar los ataques con su escudo y poco a poco pudo golpear con su espada a las manos de Akmenon, impidiendo de esta manera que el demonio atacara con esas manos. Al notar esto la guerrera se movió rápidamente por atrás del bárbaro para cambiar de lado y permitir que su compañero se encargue de los restantes brazos. Al no tener que frenar ataques Sariel se dedicó a cortar los dos brazos de su lado y luego se concentró en las piernas de la criatura. Una espada normal no podría haber cortado a la criatura de esa manera, pero el arma de Sariel distaban mucho de ser normal. Luego de una larga e intensa lucha el demonio cayó de rodillas, permitiendo que Sariel acabe con él, atravesándole el pecho al demonio con la espada.

Al finalizar el día, Heskan se había recuperado y la paz volvía a reinar en la ciudad kobold.

Santiago Páez Montero


19/10/15