Ya había pasado el mediodía cuando el trio salió del pueblo
de Torun en búsqueda de Naivara Anastriana. Ni siquiera la inminente tormenta
freno su partida. Sariel, la hermana de la hechicera desaparecida, convenció a
su amigo Heskan, un sacerdote de Caedrus y al bárbaro Fangrin, que recién
empezaba a conocer, de dirigirse al bosque gris. El sacerdote había usado su
magia divina para encontrar a Naivara, o lo que parecía ser Naivara. Caedrus,
el creador, les permitía a sus clérigos localizar a un individuo a distancia,
siempre y cuando el sacerdote estuviera muy familiarizado con la persona.
Naivara debía encontrase con sus compañeros hace dos días,
pero mientras atravesaba el camino que rodeaba al bosque gris decidió
internarse en el bosque. Luego de usar su magia, Heskan se dio cuenta que
estaba en el medio del bosque. Lo llamativo era que algo le había pasado a su
cuerpo. La hechicera había sufrido algún tipo de transformación. Su presencia
aparecía y desaparecía sin explicación aparente.
Cuando Sariel decidió pedir ayuda a Fangrin, el bárbaro
decidió ayudarla sin vacilar. Después de todo fue gracias al apoyo de la
guerrera y el sacerdote que él pudo rescatar a su amigo Medrash de un demonio. Mientras
los tres cabalgaban hacia el bosque, Sariel le comento un proyecto que estaban
empezando a dar forma Heskan y las hermanas Anastriana. Hace un tiempo habían
decidido crear un grupo con el propósito de en enfrentarse a la maldad que
asolaba el mundo de Prezlos. Gracias a los recursos de Sariel, los contactos de
Naivara y el conocimiento de Heskan querían formar la Orden de la Garra de Oro.
Luego de reflexionarlo por un tiempo el bárbaro pensó que la idea de combatir
contra las criaturas de la oscuridad a través del mundo sería un cambio
interesante a la monótona vida en su tribu. Los barbaros tenían guerreros
suficientes para poder mantener a salvo a su clan y eso le daba cierta
libertad, pero antes de aceptar el amuleto que lo hacía parte de la Orden, les
aclaro que su lealtad era primero a su tribu y luego a la Garra de Oro.
-¿Sabes identificar esas huellas, Fangrin?- preguntó Sariel
mientras recorrían el camino entre el lago Daer y el bosque gris.
-Con este tamaño y basándome en los rumores sobre este bosque deben ser ogros.- contestó el bárbaro luego de bajarse del caballo para investigar de cerca.
-¿Asumo que ya te has enfrentado a ogros antes, no? Yo solo he leído sobre ellos, ¿podrías contarme algo de tu experiencia, Fangrin?- dijo el sacerdote.
-Claro, amigo. Aún recuerdo cuando luchamos contra esos enormes seres. Fue un glorioso día para mi tribu. Nos superaban en número, tres a uno. Afortunadamente lo que tienen en músculos les falta en inteligencia y valor. Cuando vencimos a la mitad el resto huyo. Eso sí, si llegáramos a ser derrotados asegúrense que no los atrapen vivos. Les encanta comer criaturas inteligentes, cuanto más frescas mejor.- respondido Fangrin.
Los grupos de ogros no eran el único rumor sobre el bosque gris. Heskan sabía qué en lo más profundo de ese lugar existía una antigua arboleda sagrada. Una porción consagrada del bosque que solía ser venerada por los sacerdotes de Artigol el jardinero y que aparentemente estaba bajo la custodia de los espíritus del bosque, también conocidos como Elfos. Aunque estas criaturas solían permanecer fuera de la vista, ya que se decía que en un terreno salvaje un elfo solo se ve si desea ser visto, los seguidores de Artigol juraban haber visto a uno de estos espíritus rondando el lugar por lo menos en dos ocasiones.
Heskan nunca mantuvo una conversación con un elfo, pero había escuchado que tenían poderes mágicos, que eran caprichosos, poco responsables y solo obedecían a sí mismos y a los dioses que los crearon, los gemelos Erunae la señora de las bestias y Artigol el jardinero. Sariel escuchaba las palabras de su amigo con atención, ya que nunca había escuchado nada de esos espíritus. El bárbaro sin embargo les conto una versión diferente ya que el sí vio un grupo de elfos cuando era chico y este recuerdo había quedado marcado en su memoria.
Un grupo de tres elfos habían aparecido en la tribu del bárbaro, hace ya unos veinte inviernos, para hablar con su líder. Fangrin nunca conoció la razón, aunque recuerda haber visto a varios docenas de guerreros partir con los elfos al poco tiempo de su llegada. Las criaturas parecían ser más humanas de lo que le describía Heskan. Lo que si los destacaba era su belleza sobrehumana. La única mujer del grupo, llamada Felosial, tenía unos rasgos tan perfectos que incluso un niño como él supo que no se trataba de una simple mortal.
Mientras cenaban en el camino, Fangrin menciono que las huellas parecían ir y venir. Sariel pensó que podrían estar buscando algo y decidieron hacerles una emboscada. Heskan lanzó un hechizo para poder dialogar con las criaturas y así poder sacarles información sobre la hechicera perdida. Así que decidieron dejar el fuego encendido y esconderse en el bosque. Después de esperar media hora su plan dio resultado. Dos criaturas de tres metros de alto, con largos brazos y vestidos con pieles de distintos animales aparecieron por el camino. Llevaban pesados garrotes de madera y sucias bolsas de cuero. Uno de ellos vio la fogata y Heskan lo escuchó decir “Más sacrificios para el pequeño rey. Golfar estará contentó” mientras se acercaban.
Cuando estuvieron suficientemente cerca, Fangrin salió al encuentro del primero, hundiéndole su hacha en la pierna del gigantesco humanoide. Cuando el segundo ogro se adelantó se encontró con Sariel y Heskan. Si bien el bárbaro parecía estar enfrentando a su oponente sin mayores dificultades, Sariel no llego a esquivar el garrotazo y cayo inconsciente al suelo. El sacerdote podía frenar los ataques con su escudo, aunque sentía cada golpe en su brazo, pero le resultaba difícil acercarse para lograr un buen golpe. Cuando creyó que ya no podía contener más a su enemigo la ayuda llego desde atrás del ogro. En cuestión de unos segundos cuatro flechas se clavaron en su espalda. Antes de que el ogro lograra girar dos más lo remataron.
La salvadora era una elfa. De hecho era la misma que Fangrin había visto hace veinte años. Felosial estaba exactamente igual a la descripción del guerrero. Ligeramente más baja y flaca que Sariel, tenía un vestido corto, unas botas altas, guantes y capa verdes, rubia, rasgos perfectos y ojos color esmeralda. El ser más hermoso que los compañeros habían visto llevaba un arco en la mano, un
morral y un par de dagas apenas visibles en su espalda.
-¿Felosial, no? ¿Qué eres realmente, un espíritu de la
naturaleza con poderes mágicos o un ser vivo como nosotros?- preguntó Sariel,
luego de que Heskan la curara y la elfa ayudara a matar al otro ogro.
-Algo de esto y algo de aquello. Pero definitivamente no soy como ustedes. A no ser que sean inmortales, niña.- respondió Felosial mientras observaba fijamente al bárbaro.
-¿Me recuerdas? Tú eres tan bella como aquella vez, hace tantos años, sin embargo yo solo era un niño.- preguntó intrigado Fangrin.
-Claro que te recuerdo humano. Hay algo que el sacerdote no les contó, los espíritus podemos ver el aura de los seres vivos y no hay dos iguales. Desde que te vi supe que estabas destinado a la grandeza.- contestó Felosial.
-¿Cómo sabes lo que les conté?- dijo Heskan, mientras empezaba a llover sobre los héroes.
-Los vengo siguiendo desde que llegaron al bosque. Como bien dijiste, somos muy sigilosos cuando queremos. Conozco la razón que los trajo aquí y los ayudare, siempre y cuando ustedes me ayuden a mí. Aparentemente tenemos un problema en común.-
Felosial sabía que Naivara había sido secuestrada por los ogros. La tribu de ogros liderada por Golfar el voraz había raptado a varios humanos, siendo además el responsable por destruir la arboleda sagrada. Felosial había decidió visitar el lugar hace unos días y descubrió lo ocurrido. Desde entonces juro venganza y empezó a matar a los ogros que cometían el error de separarse de las cuevas en donde se ocultaba la tribu. Cuando el líder termino de entender el problema la elfa había matado a una docena de ogros. Los restantes ya no salían de su guarida, y Felosial sabía que no podría contra el resto si se mantenían unidos. Hasta que no encontró al trio de héroes había decidido esperar a que las criaturas murieran de hambre, pero ahora estaba entusiasmada con poder acabar con ellos de una manera más rápida.
A medida que se adentraban en el bosque gris Sariel recordó porque lo llamaban de esa manera. El piso estaba prácticamente cubierto de piedras grises. Caminar por el lugar era incómodo por el terreno pedregoso, los árboles que crecían bajos y retorcidos y las raíces que muchas veces salían a la superficie. Habían dejado los caballos atrás, con excepción de la montura del bárbaro ya que esta formaba parte del plan que el grupo había pensado.
-¿Estás seguro de poder enfrentarte tu solo a Golfar? Es un oponente mucho más fuerte que el ogro con el que luchaste en el camino, y ni siquiera pudiste contra el.- susurró la elfa a Heskan cuando el grupo se acercó al campamento.
-No eres la única capaz de realizar magia, no me importa cuán formidable sea ese ogro, no es rival contra el poder de Caedrus.-
-Si tú lo dices. Sariel se quedara contigo por las dudas. Yo me llevare al grandote y te sacaremos al resto de la tribu de encima.- dijo Felosial mientras se subía al caballo de Fangrin, dándole la espalda al bárbaro.
Los héroes esperaron a que la mayoría de los ogros estuvieran afuera de las cuevas. Felosial les explicó que Golfar y sus dos guardaespaldas rara vez salían. Cuando el resto de los ogros estaban a la vista, Fangrin y Felosial aparecieron montados en el caballo. El bárbaro lanzó un grito de guerra mientras se dirigía al ogro más cercano con su espada desenvainada. Cuando lo cortó los ogros empezaron a perseguirlo, alejándose del campamento, mientras Felosial les iba disparando flechas. Ahí fue cuando el grupo se dio cuenta que la elfa no tenía un carcaj con flechas. Estas aparecían en su arco a medida que ella lo tensaba.
Cuando los ogros se fueron, Golfar y sus guardaespaldas salieron de una de las cuevas y se encontraron con Sariel. Heskan también estaba presente, pero gracias a su magia había alterado su cuerpo para volverse invisible. Mientras Sariel se encargaba de los ogros, el sacerdote los rodeaba, poniéndose detrás de su líder.
-Libera a la humana o acabaremos con todos ustedes- gritó Heskan mientras se hacía visible.
El líder, que era más grande y fuerte que el resto, levantó su enorme hacha de piedra, dispuesto a partir al sacerdote a la mitad. Heskan había realizado un poderoso hechizo sobre su maza, que brillaba con una intensidad cegadora. Cuando ambas armas se encontraron todo el poder del conjuro se desató, en una explosión de luz y sonido que se llegó a escuchar incluso en el lugar en donde el bárbaro y la elfa estaban peleando. El hacha de piedra se hizo pedazos, Golfar quedó enceguecido y ensordecido, y emprendió la huida, junto a sus seguidores.
El sacerdote agradeció que su plan diera resultado, porque sabía que no podía mantener un combate contra el enorme ogro. Otro golpe detenido con su maza le hubiera roto un brazo. Mientras se recuperaba y buscaba a Naivara, Sariel partió para ayudar a Fangrin y Felosial.
Cuando los héroes se reencontraron con Heskan este les dijo que lo único útil que había encontrado en las cuevas era un pergamino antiguo metido en un estuche entre los cadáveres de varios humanos. Estaba escrito en el lenguaje de los dioses y le tomaría un tiempo descifrarlo. También descubrió los restos de la cascara de un huevo enorme. Fangrin lo reconoció como un huevo de un águila gigante. La razón por la que los ogros habían capturado ese huevo era todo un misterio. Afortunadamente Naivara no estaba entre los muertos.
Al enterarse que Naivara seguía desaparecida, Felosial les sugirió a los héroes que la siguieran al lugar en donde solía estar la arboleda sagrada. Era probable que la hechicera estuviera allí. Mientras se acercaban Felosial les explicó porque estaba el huevo donde lo encontraron. El resultado de un huevo de águila gigante empollado por una serpiente era un Basilisco, o como lo llamaban algunas razas “pequeño rey”, por la mancha en forma de corona que la serpiente tenía en la cabeza. Dicha criatura tenía el cuerpo de una serpiente gigante, ocho patas de águila y un par de alas del mismo animal. Su modo de ataque más peligroso no eran sus garras o sus colmillos. El basilisco mataba a cualquier ser vivo que mirase los ojos del monstruo. Los ogros tenían esperanza de llegar a domarlo para usarlo como arma contra sus enemigos y lo mantenían alimentado a base de sacrificios humanos.
Al llegar a la zona donde había estado la arboleda solo vieron un desierto. La elfa les explico que esa era la guarida de la bestia. El basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se alimenta queda envenenada. Su mirada rompe las piedras y quema el pasto.
Mientras escuchaba a la elfa, Sariel sintió la voz de su hermana detrás de ella. Al darse vuelta vio a una humana, con un rostro muy similar al suyo, un largo vestido negro con una espada en la cintura, pelo largo negro y ojos color miel. Llevaba unas sandalias en los pies, un amuleto plateado y varios anillos y pulseras. Naivara aparecía y desaparecía, como si no estuviera del todo en este mundo. La hechicera les explicó al grupo que los ogros la habían intentado sacrificar al basilisco. Cuando ella se dio cuenta de su oponente decidió transportarse a otro planeta para evitar la mirada de la criatura. Sin embargo, luego de estar tantos días en otro mundo le estaba costando materializarse completamente en Prezlos. Heskan dijo que podría ayudarla a volver íntegramente pero no sabía cuánto demoraría.
Sariel, Felosial y Fangrin decidieron que era mejor intentar matar a la criatura lo más pronto posible, antes de que ella los localice. La elfa les dijo que la mejor manera de lograrlo era que ellos dos atraigan su atención mientras ella permanecía oculta. Cuando la criatura bajase al suelo la elfa la cegaría con sus flechas. Matarla sería fácil sin su temida mirada. Sin embargo les advirtió que incluso sin poder verlos la criatura tenía un gran oído y podría captarlos gracia a ello.
-¿Felosial, podrías dejar de ver el torso desnudo del bárbaro y decirme porque debemos ir sin nuestras armaduras?- dijo Sariel mientras terminaba de sacarse su cota de placas.
-Tranquila niña. La bestia es lo suficientemente inteligente para distinguir a un guerrero que viene a matarla de un sacrificio humano. Podrán llevar sus espadas, pero te recomiendo que la envuelvas en una tela.- respondió Felosial sin dejar de mirar a Fangrin.
-¿Y cómo evitaras que te vea o lograras dispárale a los ojos a una criatura que no puedes ver?- preguntó la guerrera.
-Soy inmune a su mirada, ventajas de ser un espíritu. Y con respecto a acercarme sin ser descubierta, puedo camuflar mi cuerpo cuando estoy en un entorno natural. Por algo nos llaman fantasmas de los bosques.- explicó la elfa mientras se ponía su capucha y todo su cuerpo cambiaba de color.
Cuando los tres héroes estaban cerca del centro del desierto el basilisco descendió. Tal como lo había prometido, Felosial logro cegar a la criatura con dos certeros disparos. Sin embargo los guerreros no llegaron a sacar sus armas a tiempo. El monstruo sujeto a Sariel con sus garras. Fangrin recibió un mordisco y cayó al suelo bajo el efecto del veneno. A pesar de que Felosial seguía atacando con sus flechas la criatura empezó a levantar el vuelo, con una Sariel inmovilizada.
Cuando el monstruo estaba escapando con su víctima, Heskan y
Naivara se unieron a la pelea. El sacerdote había modificado su cuerpo a
través de un hechizo y volaba gracias a unas alas de halcón.
través de un hechizo y volaba gracias a unas alas de halcón.
-¡Suelta a mi hermana, maldito! Veamos si puedes seguir volando después de recibir mi ráfaga estelar- gritó Naivara mientras lanzaba un rayo de energía blanca, quemando al basilisco.
Heskan atrapo a Sariel cuando caía. Aunque la bestia había sobrevivido al golpe, Felosial y Naivara lograron acabar con su existencia antes de que pueda dañar a alguien más.
Santiago Páez Montero
27/10/2015
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