-¿Para qué dices que sirve ese bastón de Hanuk, Naivara?-
preguntó Fangrin el bárbaro.
-Se llama el báculo de Haruk-Ten y su función, en términos
simples, es igual a la de tu escudo excepto que el báculo protege contra
hechizos. Al igual que tu protección, si el báculo recibe demasiado daño, se
rompe.- explicó la hechicera Naivara Anastriana.
-¿Por eso solo tienes la mitad del báculo, hermana?
¿Realmente crees que se puede volver a unir, conservando sus propiedades
mágicas?- indagó la guerrera Sariel Anastriana.
-Naivara me pidió que lo investigue. He encontrado un ritual
que puede hacerlo, Sariel- respondió Heskan, un sumo sacerdote de Caedrus el
creador.
-Debo admitir que es interesante estar con ustedes,
mortales. Te ayudare con esto hechicera. ¿Cómo conseguiste tu mitad? ¿La
robaste? Es solo curiosidad, según mi opinión las cosas pertenecen a los que
las encuentran.- dijo Felosial, la elfa arquera que se había unido al grupo después
que los héroes la ayudaran a matar al temible Basilisco.
Naivara aprovechó el viaje a la ciudad de Jeleneth para
poner al grupo al tanto de la situación. La hechicera se enteró hace unas
semanas que la mitad del báculo había sido comprado por uno de los enemigos de
Naivara, el mago Agnar. Como fue que el mercader había conseguido ese objeto en
primer lugar era un misterio, ya que Naivara nunca logró dar con él vendedor.
Conociendo la leyenda sobre los poderes del báculo la hechicera no podía permitir
que el infame mago consiguiera el objeto. Aunque pudo recuperar el objeto se
vio obligada a huir de un adversario claramente superior. Sin embargo había pasado
el último mes entrenando y pensaba que podía vencer a su oponente si fuera
necesario.
Ante las dudas de sus compañeros, Naivara les explico la
diferencia entre un mago y un hechicero. Mientras que el primero se pasaba
largos años estudiando libros y pergaminos para lograr alterar la realidad, los
hechiceros aprendían a hacerlo de una manera más intuitiva. Se dice que mientras
el límite de un mago está en su capacidad de encontrar libros arcanos o
mentores capaces, el del hechicero está en su valor. El hechicero mejora sus
poderes poniéndolos a prueba y llevándose al límite. Esta situación es riesgosa
ya que si no se puede controlar el poder la persona puede morir.
Los hechiceros pueden obtener su magia de distintas formas,
ya sea que uno de sus padres no sea humano, que hagan un pacto con un demonio o
con otra criatura poderosa, que sean malditos o bendecidos desde antes de
nacer, o de muchas otras maneras. En el caso de Naivara su poder está
relacionado con los astros. En el momento de su nacimiento las constelaciones
estaban a su favor, o quizás en su contra.
-Tengo la sensación que nos están siguiendo niña. Son más de
uno. ¿Se tratara de Agnar?- le susurró Felosial a Naivara.
-Es bastante probable. Sabe que nos dirigimos a Jeleneth en
busca de información sobre el báculo. No se arriesgara a entrar a la ciudad, ya
que está siendo buscado por las autoridades. Se me ocurre que va a quedarse
esperando a que nos alejemos para atacarnos- respondió Naivara.
-Bien. Ustedes busquen la información que necesitan. Fangrin
y yo nos encargaremos de nuestros perseguidores.- sugirió Felosial.
La ciudad de Jeleneth estaba situada en una isla en gran
lago Daer. Había varios muelles alrededor del lago del que periódicamente
salían botes. Era gobernada por un grupo de Magos y conocida por sus dos
escuelas de magia y por tener una de las bibliotecas más grandes del
continente. También tenía un mercado y diversas tiendas donde se podía
conseguir objetos exóticos y contratar magos por costos elevados. Solo poseía
dos capillas, una dedicada a Gyseis la alquimista y otra a Melimae la loca.
Se dice que la isla había sido creada por los magos y que en
caso de una invasión los gobernantes reunían a sus discípulos y realizaban un
poderoso ritual que transportaba la isla a un lugar desconocido. Sin embargo
esto se había realizado solo en situaciones extremas por toda la energía que
requería. Además de esa defensa mágica, la mitad de la guardia estaba compuesta
por magos elementales.
Cuando Sariel, Naivara y Heskan atravesaron los altos y
blancos muros de piedra de la ciudad se encontraron con un laberinto de
estrechas y caóticas calles. Excepto las numerosas torres de piedra la mayoría
de los edificios tenían varios pisos de madera. Los edificios estaban pintados
de alegres colores y las torres y las mansiones de piedra eran muy ornamentadas
con figuras de criaturas fantásticas. De vez en cuando encontraban algún
parque, con fuentes y estatuas majestuosas.
Mientras Sariel salió a recorrer la ciudad, Heskan y Naivara
se dirigieron a la biblioteca. La hechicera le había aconsejado a su hermana
que no intente conseguir información sobre Agnar ya que el Mago era buscado y
las autoridades podrían malinterpretar las intenciones de la guerrera. La
hechicera había estado en la ciudad hace unas semanas y ya había solicitado a
los bibliotecarios los distintos libros y pergaminos relacionados con el báculo,
para acelerar la investigación. Por otro lado el sacerdote quería averiguar
sobre el pergamino que había encontrado en las cuevas de los ogros del bosque
gris. Se trataba de un ritual tan antiguo que había palabras que Heskan
desconocía. Por lo poco que había podido traducir el ritual estaba relacionado
con devolver a los muertos a la vida.
Luego de varias horas de lectura Naivara pudo unir distintos
retazos de información, consiguió la historia del báculo y su posible
localización.
El noble Haruk-Ten había decidido contratar a un mago para
que le fabrique el báculo ya que necesitaba protegerse de una Orden de magos
con los que se había enemistado. La historia de esta rivalidad no aparecía en
ningún libro. Lo que encontró la hechicera era sobre el día en que los magos
decidieron atacar. Aparentemente el báculo absorbió demasiado poder y cuando
estallo esta magia destrozo parte de la fortaleza, matando al noble, a sus
hombres y a sus enemigos. Sin embargo entre los distintos libros estaba el
diario de un ladrón que intento conseguir los restos del báculo. El texto decía
que el ladrón pudo encontrar la mitad del báculo en los pasillos del castillo
pero la parte faltante estaba custodiada por las personas que murieron junto al
noble. Aparentemente la magia usada ese día los había transformado.
Aunque los primeros rumores decían que la destrucción del
báculo había ocurrido en la fortaleza donde el noble había pasado toda su vida,
textos más recientes indicaban que el noble había pasado los últimos años
temeroso de sus enemigos y escondido en una pequeña fortaleza con sus hombres
de mayor confianza en la helada cordillera de las Arjhans. Naivara estaba al
tanto de esto ya que ella misma había ido a inspeccionar el castillo del linaje
de Haruk-Ten y no había encontrado nada.
Mientras veía alejarse a sus compañeros subidos al bote que
los llevaba a Jeleneth, la elfa decidió recurrir a su dominio sobre los
animales para encontrar a Agnar y sus hombres. Le pidió a Fangrin que se aleje
y no haga movimientos bruscos, saco una flauta de su morral y empezó a tocar
una hermosa melodía. A medida que transcurría la canción decenas de pájaros se
acercaron y rodearon a Felosial. Al terminar la música la elfa dijo algunas
palabras en un idioma desconocido para Fangrin y los pájaros se dispersaron.
-Hermosa melodía. No sabía que tenías una flauta mágica.-
dijo Fangrin mientras se acercaba a la elfa.
-La flauta es ordinaria, la magia la hago yo. Los pájaros
tardaran un tiempo en averiguar en donde esta Agnar. ¿Deberíamos hacer algo
para que el tiempo se pase más rápido, no crees?-preguntó Felosial mientras
abrazaba a Fangrin.
Cuando los pájaros volvieron los compañeros seguían
acostados. Felosial habló con los animales y los dos compañeros se dirigieron
hacia una parte del bosque gris donde un grupo de ocho humanos armados habían
establecido un campamento. Debido a que ninguno de los presentes respondía a la
descripción que Naivara dio del mago, Fangrin los enfrento solo y Felosial
permaneció oculta, esperando a que aparezca Agnar para matarlo antes de que
pueda usar algún hechizo. Al ver que eso no sucedía se unió al bárbaro para
acabar con los mercenarios.
-Las instrucciones que Naivara encontró en sus libros
coinciden con el mapa que nosotros hallamos en el campamento, Sariel.- dijo
Fangrin.
-¿Explicó la hechicera porque no viene con nosotros?-
preguntó Felosial.
-No exactamente. Dijo que necesitaba quedarse un tiempo más
en Jeleneth.- respondió Sariel.
Los cuatro héroes se habían reunido en Jeleneth para comprar
provisiones y habían partido hacia las Arjhans, siguiendo el mapa. En el camino
Sariel les comentó todo lo que su hermana había averiguado sobre la historia
del báculo. Luego de subir un par de horas por un camino escarpado llegaron a
las ruinas del castillo. Si bien el muro exterior estaba casi intacto, la
puerta estaba destruida y el castillo estaba en ruinas. Por lo que podían ver
los héroes desde la entrada la construcción no tenía techo y muchas paredes
estaban derrumbadas. Luego de dejar sus monturas afuera de los muros empezaron
a avanzar sigilosamente. Felosial iba adelante del grupo ya que no hacia ruido
al moverse, y sus compañeros caminaban un par de metros atrás. Unos minutos
después de que entraran llegó Agnar, que los había seguido desde Jeleneth.
Luego de que el mago se decidiera a seguirlos Naivara salió de su escondite,
que se había quedado a las afueras del lago Daer esperando a que su enemigo
apareciera.
La explosión mágica responsable no solo había matado a todos
los habitantes de la fortaleza, también los había levantado como zombies. La
mayoría se movía en pequeños grupos por las ruinas, mientras que unos treinta
se encontraban en lo que antes había sido el salón central. Sin embargo, Haruk-Ten
había sufrido un final diferente. Su cuerpo había sido desintegrado al
liberarse el poder del bastón. Sin embargo su espíritu no pudo descansar en
paz. Años de aislamiento y temor lo habían arrastrado a la locura. Eso sumado a
su furia al darse cuenta que a pesar de todo su esfuerzo y sacrificio sus
enemigos lo habían vencido, hicieron que se formara un espectro. Su único
interés ahora era asesinar a todo ser vivo que pusiera un pie en su fortaleza.
Felosial había podido acabar con los zombies que merodeaban
por los pasadizos con sus silenciosas flechas fácilmente. Cuando pudo ver en el
salón central a los zombies rodeando la figura espectral de un anciano con una
vieja armadura y una espada retrocedió para darles instrucciones a sus
compañeros. Las armas normales no podían dañar al espectro, pero Felosial poseía
dos dagas mágicas que podían destruirlo.
-Yo me hare cargo de Haruk-Ten. ¿Ustedes podrán contras los
zombies?- preguntó Felosial a sus tres compañeros.
-¿Treinta zombies contra nosotros tres? Son tan lentos que más
que un combate será una sesión de entrenamiento- contestó Sariel.
A medida que la batalla transcurría Agnar espiaba a los
héroes desde una habitación cercana. Sabía que los compañeros de Naivara
vencerían pero también esperaba que esto los agotara lo suficiente para que él
pueda matarlos y recuperar la mitad del bastón que estaba en la sala central.
Luego se ocuparía de su enemiga y recuperaría lo que le fue arrebatado.
Aprovechando que su enemigo estaba perdido en sus pensamientos,
la hechicera lo atacó con una ráfaga estelar. Sin embargo el rayo blanco golpeó
contra un campo invisible. El mago se dio vuelta, realizó un rápido hechizo creando
una mano enorme hecha de una niebla verde que levantó a la hechicera y empezó a
apretarla.
-¿En serio creíste que vendría desprotegido, niña? Te
advertí que tu orgullo seria tu perdición. Veamos si puedes atacarme sin usar
tus brazos-
Mientras el cuerpo de Naivara era apretado con una gran
fuerza, su mente recordó un hechizo que había aprendido de los silenciosos
habitantes de la estrella Nared. Entonces miró fijamente a su enemigo y dijo
unas palabras en un extraño lenguaje. En ese momento la mente de Agnar se llenó
de visiones que ningún mortal debería ver, rompiendo su concentración y
haciendo que empiece a gritar.
-¿Cuál es el problema Agnar? ¿No puedes mantener tu hechizo
sin usar tu mente? ¿Ya no tienes nada que decir?-
-Saca estas imágenes de mi cabeza, maldita- dijo el mago
arrodillado del dolor.
-Yo no me preocuparía por tu mente. Pronto estará bien, aunque
no puedo decir lo mismo de tu cuerpo.
-Adiós mi viejo enemigo, lo último que
veras será mi forma astral- respondió Naivara mientras su cuerpo brillaba con
la intensidad de una estrella.
Naivara había guardado su mejor poder para el final. Aunque
la forma astral consumía su energía vital rápidamente, también potenciaba el
resto de sus hechizos. Así que la próxima ráfaga estelar que salió de sus manos
golpeó con una fuerza increíble al campo que envolvía a su enemigo. Unos
instantes después el escudo explotó tirando hacia atrás a Naivara. Agotada por
la magia usada se levantó, saco su espada y se dirigió a Agnar. Sin embargo no
encontró el mago por ningún lado. Un hechizo de teleportación lanzado a último
momento le había arrebatado su victoria.
Santiago
Páez Montero
11/11/2015
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