jueves, 12 de noviembre de 2015

Episodio III EL BACULO DE HARUK-TEN

-¿Para qué dices que sirve ese bastón de Hanuk, Naivara?- preguntó Fangrin el bárbaro.

-Se llama el báculo de Haruk-Ten y su función, en términos simples, es igual a la de tu escudo excepto que el báculo protege contra hechizos. Al igual que tu protección, si el báculo recibe demasiado daño, se rompe.- explicó la hechicera Naivara Anastriana.

-¿Por eso solo tienes la mitad del báculo, hermana? ¿Realmente crees que se puede volver a unir, conservando sus propiedades mágicas?- indagó la guerrera Sariel Anastriana.

-Naivara me pidió que lo investigue. He encontrado un ritual que puede hacerlo, Sariel- respondió Heskan, un sumo sacerdote de Caedrus el creador.

-Debo admitir que es interesante estar con ustedes, mortales. Te ayudare con esto hechicera. ¿Cómo conseguiste tu mitad? ¿La robaste? Es solo curiosidad, según mi opinión las cosas pertenecen a los que las encuentran.- dijo Felosial, la elfa arquera que se había unido al grupo después que los héroes la ayudaran a matar al temible Basilisco.

Naivara aprovechó el viaje a la ciudad de Jeleneth para poner al grupo al tanto de la situación. La hechicera se enteró hace unas semanas que la mitad del báculo había sido comprado por uno de los enemigos de Naivara, el mago Agnar. Como fue que el mercader había conseguido ese objeto en primer lugar era un misterio, ya que Naivara nunca logró dar con él vendedor. Conociendo la leyenda sobre los poderes del báculo la hechicera no podía permitir que el infame mago consiguiera el objeto. Aunque pudo recuperar el objeto se vio obligada a huir de un adversario claramente superior. Sin embargo había pasado el último mes entrenando y pensaba que podía vencer a su oponente si fuera necesario.

Ante las dudas de sus compañeros, Naivara les explico la diferencia entre un mago y un hechicero. Mientras que el primero se pasaba largos años estudiando libros y pergaminos para lograr alterar la realidad, los hechiceros aprendían a hacerlo de una manera más intuitiva. Se dice que mientras el límite de un mago está en su capacidad de encontrar libros arcanos o mentores capaces, el del hechicero está en su valor. El hechicero mejora sus poderes poniéndolos a prueba y llevándose al límite. Esta situación es riesgosa ya que si no se puede controlar el poder la persona puede morir.
Los hechiceros pueden obtener su magia de distintas formas, ya sea que uno de sus padres no sea humano, que hagan un pacto con un demonio o con otra criatura poderosa, que sean malditos o bendecidos desde antes de nacer, o de muchas otras maneras. En el caso de Naivara su poder está relacionado con los astros. En el momento de su nacimiento las constelaciones estaban a su favor, o quizás en su contra.

-Tengo la sensación que nos están siguiendo niña. Son más de uno. ¿Se tratara de Agnar?- le susurró Felosial a Naivara.

-Es bastante probable. Sabe que nos dirigimos a Jeleneth en busca de información sobre el báculo. No se arriesgara a entrar a la ciudad, ya que está siendo buscado por las autoridades. Se me ocurre que va a quedarse esperando a que nos alejemos para atacarnos- respondió Naivara.

-Bien. Ustedes busquen la información que necesitan. Fangrin y yo nos encargaremos de nuestros perseguidores.- sugirió Felosial.

La ciudad de Jeleneth estaba situada en una isla en gran lago Daer. Había varios muelles alrededor del lago del que periódicamente salían botes. Era gobernada por un grupo de Magos y conocida por sus dos escuelas de magia y por tener una de las bibliotecas más grandes del continente. También tenía un mercado y diversas tiendas donde se podía conseguir objetos exóticos y contratar magos por costos elevados. Solo poseía dos capillas, una dedicada a Gyseis la alquimista y otra a Melimae la loca.

Se dice que la isla había sido creada por los magos y que en caso de una invasión los gobernantes reunían a sus discípulos y realizaban un poderoso ritual que transportaba la isla a un lugar desconocido. Sin embargo esto se había realizado solo en situaciones extremas por toda la energía que requería. Además de esa defensa mágica, la mitad de la guardia estaba compuesta por magos elementales.

Cuando Sariel, Naivara y Heskan atravesaron los altos y blancos muros de piedra de la ciudad se encontraron con un laberinto de estrechas y caóticas calles. Excepto las numerosas torres de piedra la mayoría de los edificios tenían varios pisos de madera. Los edificios estaban pintados de alegres colores y las torres y las mansiones de piedra eran muy ornamentadas con figuras de criaturas fantásticas. De vez en cuando encontraban algún parque, con fuentes y estatuas majestuosas.

Mientras Sariel salió a recorrer la ciudad, Heskan y Naivara se dirigieron a la biblioteca. La hechicera le había aconsejado a su hermana que no intente conseguir información sobre Agnar ya que el Mago era buscado y las autoridades podrían malinterpretar las intenciones de la guerrera. La hechicera había estado en la ciudad hace unas semanas y ya había solicitado a los bibliotecarios los distintos libros y pergaminos relacionados con el báculo, para acelerar la investigación. Por otro lado el sacerdote quería averiguar sobre el pergamino que había encontrado en las cuevas de los ogros del bosque gris. Se trataba de un ritual tan antiguo que había palabras que Heskan desconocía. Por lo poco que había podido traducir el ritual estaba relacionado con devolver a los muertos a la vida.
Luego de varias horas de lectura Naivara pudo unir distintos retazos de información, consiguió la historia del báculo y su posible localización.

El noble Haruk-Ten había decidido contratar a un mago para que le fabrique el báculo ya que necesitaba protegerse de una Orden de magos con los que se había enemistado. La historia de esta rivalidad no aparecía en ningún libro. Lo que encontró la hechicera era sobre el día en que los magos decidieron atacar. Aparentemente el báculo absorbió demasiado poder y cuando estallo esta magia destrozo parte de la fortaleza, matando al noble, a sus hombres y a sus enemigos. Sin embargo entre los distintos libros estaba el diario de un ladrón que intento conseguir los restos del báculo. El texto decía que el ladrón pudo encontrar la mitad del báculo en los pasillos del castillo pero la parte faltante estaba custodiada por las personas que murieron junto al noble. Aparentemente la magia usada ese día los había transformado.

Aunque los primeros rumores decían que la destrucción del báculo había ocurrido en la fortaleza donde el noble había pasado toda su vida, textos más recientes indicaban que el noble había pasado los últimos años temeroso de sus enemigos y escondido en una pequeña fortaleza con sus hombres de mayor confianza en la helada cordillera de las Arjhans. Naivara estaba al tanto de esto ya que ella misma había ido a inspeccionar el castillo del linaje de Haruk-Ten y no había encontrado nada.
Mientras veía alejarse a sus compañeros subidos al bote que los llevaba a Jeleneth, la elfa decidió recurrir a su dominio sobre los animales para encontrar a Agnar y sus hombres. Le pidió a Fangrin que se aleje y no haga movimientos bruscos, saco una flauta de su morral y empezó a tocar una hermosa melodía. A medida que transcurría la canción decenas de pájaros se acercaron y rodearon a Felosial. Al terminar la música la elfa dijo algunas palabras en un idioma desconocido para Fangrin y los pájaros se dispersaron.

-Hermosa melodía. No sabía que tenías una flauta mágica.- dijo Fangrin mientras se acercaba a la elfa.

-La flauta es ordinaria, la magia la hago yo. Los pájaros tardaran un tiempo en averiguar en donde esta Agnar. ¿Deberíamos hacer algo para que el tiempo se pase más rápido, no crees?-preguntó Felosial mientras abrazaba a Fangrin.

Cuando los pájaros volvieron los compañeros seguían acostados. Felosial habló con los animales y los dos compañeros se dirigieron hacia una parte del bosque gris donde un grupo de ocho humanos armados habían establecido un campamento. Debido a que ninguno de los presentes respondía a la descripción que Naivara dio del mago, Fangrin los enfrento solo y Felosial permaneció oculta, esperando a que aparezca Agnar para matarlo antes de que pueda usar algún hechizo. Al ver que eso no sucedía se unió al bárbaro para acabar con los mercenarios.

-Las instrucciones que Naivara encontró en sus libros coinciden con el mapa que nosotros hallamos en el campamento, Sariel.- dijo Fangrin.

-¿Explicó la hechicera porque no viene con nosotros?- preguntó Felosial.

-No exactamente. Dijo que necesitaba quedarse un tiempo más en Jeleneth.- respondió Sariel.

Los cuatro héroes se habían reunido en Jeleneth para comprar provisiones y habían partido hacia las Arjhans, siguiendo el mapa. En el camino Sariel les comentó todo lo que su hermana había averiguado sobre la historia del báculo. Luego de subir un par de horas por un camino escarpado llegaron a las ruinas del castillo. Si bien el muro exterior estaba casi intacto, la puerta estaba destruida y el castillo estaba en ruinas. Por lo que podían ver los héroes desde la entrada la construcción no tenía techo y muchas paredes estaban derrumbadas. Luego de dejar sus monturas afuera de los muros empezaron a avanzar sigilosamente. Felosial iba adelante del grupo ya que no hacia ruido al moverse, y sus compañeros caminaban un par de metros atrás. Unos minutos después de que entraran llegó Agnar, que los había seguido desde Jeleneth. Luego de que el mago se decidiera a seguirlos Naivara salió de su escondite, que se había quedado a las afueras del lago Daer esperando a que su enemigo apareciera.

La explosión mágica responsable no solo había matado a todos los habitantes de la fortaleza, también los había levantado como zombies. La mayoría se movía en pequeños grupos por las ruinas, mientras que unos treinta se encontraban en lo que antes había sido el salón central. Sin embargo, Haruk-Ten había sufrido un final diferente. Su cuerpo había sido desintegrado al liberarse el poder del bastón. Sin embargo su espíritu no pudo descansar en paz. Años de aislamiento y temor lo habían arrastrado a la locura. Eso sumado a su furia al darse cuenta que a pesar de todo su esfuerzo y sacrificio sus enemigos lo habían vencido, hicieron que se formara un espectro. Su único interés ahora era asesinar a todo ser vivo que pusiera un pie en su fortaleza.

Felosial había podido acabar con los zombies que merodeaban por los pasadizos con sus silenciosas flechas fácilmente. Cuando pudo ver en el salón central a los zombies rodeando la figura espectral de un anciano con una vieja armadura y una espada retrocedió para darles instrucciones a sus compañeros. Las armas normales no podían dañar al espectro, pero Felosial poseía dos dagas mágicas que podían destruirlo.

-Yo me hare cargo de Haruk-Ten. ¿Ustedes podrán contras los zombies?- preguntó Felosial a sus tres compañeros.

-¿Treinta zombies contra nosotros tres? Son tan lentos que más que un combate será una sesión de entrenamiento- contestó Sariel.

A medida que la batalla transcurría Agnar espiaba a los héroes desde una habitación cercana. Sabía que los compañeros de Naivara vencerían pero también esperaba que esto los agotara lo suficiente para que él pueda matarlos y recuperar la mitad del bastón que estaba en la sala central. Luego se ocuparía de su enemiga y recuperaría lo que le fue arrebatado.

Aprovechando que su enemigo estaba perdido en sus pensamientos, la hechicera lo atacó con una ráfaga estelar. Sin embargo el rayo blanco golpeó contra un campo invisible. El mago se dio vuelta, realizó un rápido hechizo creando una mano enorme hecha de una niebla verde que levantó a la hechicera y empezó a apretarla.

-¿En serio creíste que vendría desprotegido, niña? Te advertí que tu orgullo seria tu perdición. Veamos si puedes atacarme sin usar tus brazos-

Mientras el cuerpo de Naivara era apretado con una gran fuerza, su mente recordó un hechizo que había aprendido de los silenciosos habitantes de la estrella Nared. Entonces miró fijamente a su enemigo y dijo unas palabras en un extraño lenguaje. En ese momento la mente de Agnar se llenó de visiones que ningún mortal debería ver, rompiendo su concentración y haciendo que empiece a gritar.

-¿Cuál es el problema Agnar? ¿No puedes mantener tu hechizo sin usar tu mente? ¿Ya no tienes nada que decir?-

-Saca estas imágenes de mi cabeza, maldita- dijo el mago arrodillado del dolor.

-Yo no me preocuparía por tu mente. Pronto estará bien, aunque no puedo decir lo mismo de tu cuerpo. 

-Adiós mi viejo enemigo, lo último que veras será mi forma astral- respondió Naivara mientras su cuerpo brillaba con la intensidad de una estrella.

Naivara había guardado su mejor poder para el final. Aunque la forma astral consumía su energía vital rápidamente, también potenciaba el resto de sus hechizos. Así que la próxima ráfaga estelar que salió de sus manos golpeó con una fuerza increíble al campo que envolvía a su enemigo. Unos instantes después el escudo explotó tirando hacia atrás a Naivara. Agotada por la magia usada se levantó, saco su espada y se dirigió a Agnar. Sin embargo no encontró el mago por ningún lado. Un hechizo de teleportación lanzado a último momento le había arrebatado su victoria.

                                                                                                                            Santiago Páez Montero

                                                                                                                                                           11/11/2015

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